Tecnología que consume




Por Victoria Soledad Genta, Matías Garabello y AntonellaSaíni


¿Mi amor, vamos a tomar un café?”, una frase que en los últimos años perdió su valor. Sin darnos cuenta, la tecnología está haciendo de nuestra calidad de vida un concepto abstracto, casi imperceptible.  
  
Hace poco tiempo atrás, no era extraño pensar en el siguiente escenario: Un restaurant, una pareja compartiendo una cena romántica, risas, miradas cómplices. Hoy en día, está situación resulta casi una utopía. Los celulares se han convertido para muchos en una extensión de su cuerpo. Si bien los expertos llaman a no demonizar a la tecnología, en ocasiones puede ser nuestra peor enemiga.

El inconfundible sonido de un mensaje a deshora, amistades sugestivas o inexplicables, mensajes directos que generan dudas: en la mesa, en el baño, en la cama, mientras conversas, comiendo, bailando, paseando… Sea bueno o malo, hoy es una realidad que los teléfonos inteligentes y las nuevas tecnologías dominan la vida de las personas, es decir, nuestras vidas.

La forma acelerada en la que vivimos actualmente también tiene su reflejo en el uso de la tecnología. En la actualidad el mensaje de texto, el correo electrónico, el chat o las conversaciones por Whatsapp se convirtieron en formas rápidas de contacto, pero también demandan formas rápidas de respuesta, lo que produce un incremento de la ansiedad en la expectativa de recibir respuesta. 

"Es frecuente observar la ansiedad en la necesidad de contacto inmediato sin importar el contexto. Vemos que la persona no puede esperar ni un minuto y siente una necesidad de responder o enviar un mensaje inmediatamente. Esta sensación de inmediatez con pérdida del contexto es un síntoma de ansiedad",detalla el doctor EstebanAlisio, médico psiquiatra de la ciudad de Miramar. 

"Hemos encontrando varias personas literalmente adictas a diferentes formas de tecnología, descuidando sus familias, trabajos, parejas y otros aspectos importantes de su vida. Si la tecnología se utiliza equilibradamente puede convertirse en una herramienta excelente que ayude, incluso, a las diferentes relaciones entre los seres humanos”, finaliza.

 Julieta Castillo y Pablo Santa Cruz están casados desde hace más de 15 años, y hace más de 10 que residen en la ciudad. Sin embargo, y en relación a este polémico fenómeno, consideran que el excesivo uso de los teléfonos celulares y de las redes sociales son motivo suficiente para que una pareja eventualmente se separe, por más amor que allá en medio. Además, admiten que tuvieron que hacer terapia para reordenar su relación y tratar de lograr que “predominen las palabras”, dejando de lado “el aparatito”.

Por su parte, en el plano internacional, Lucila Hinojosa Córdova, investigadora de la Universidad Autónoma de Nueva León, México, menciona en algunos artículos publicados en la red: “Nos estamos volviendo dependientes tecnológicos, en ocasiones descuidamos otras facetas de la vida por estar conectados, y para muchas personas se ha convertido en algo primordial. No debemos perder el rumbo a partir de la tecnología, tenemos que acostumbrarnos a vivir con ella”.
 
Simplemente nos adentramos en un mundo ficticio, en el cual mientras la vida nos pasa por enfrente, nosotros la ignoramos. Todo objeto nuevo tiende a atraer a sus consumidores, sin embargo este fenómeno ha logrado convertirse en una atracción fatal.
 
Investigadores y especialistas determinaron que el proceso que manipula a los seres humanos a través de la tecnología se ha de llamar “adicciones tecnológicas”. Éstas dependen de la relación directa y obsesiva entre la “maquinaria” y la persona, y varían según el accionar de este último en un mundo plagado de información de fácil acceso.

Es sencillo comprender que, a medida que la tecnología evoluciona, la sociedad debe adaptarse al cambio que conlleva dicho proceso. Hoy en día, un comentario en el Twitter puede ser noticia, así como una imagen en el Facebook puede conmocionar a un sector de la población o quizá a todo un país. A su vez, un audio de WhatsApp tiene posibilidades de volver famoso al autor, o una foto editada en Instagram puede ser criticada. 

Los avances tecnológicos no siempre son precisamente avances, en ciertos casos son un retroceso para la educación y la cultura de una sociedad. Esto nos hace, en cierto aspecto, más vulnerables frente a un razonamiento, y por ende más fáciles de manipular. 

Es evidente que la tecnología existe en la cotidianeidad de las personas, que su influencia no siempre es positiva y que el hecho de aceptar que todo lo que nos muestra o dice es cierto, o no, depende de la percepción de cada individuo. No obstante, si consideramos y aceptamos queesta no es más que una herramienta importante en la vida del ser humano, pero que no cumple otra función más que la de comunicar e informar, estamos perdidos. Los artefactos a los que nos adherimos como parte de nosotros no poseen sentimientos ni sensibilidad, y el material que observamos en ellos puede llegar a hacernos “sínicos”, y hasta “morbosos”. De nosotros depende consumir la tecnología, y que ella no nos consuma a nosotros.

Fútbol femenino: el camino de una pasión



 Por Nahuel Calderón


El fútbol históricamente fue considerado un “deporte de machos” y muchas personas sostienen que lo sigue siendo y siempre lo será. El “destape” que ha producido en las últimas décadas la inserción de la mujer, primero, al plano laboral, y posteriormente al campo profesional, ya sea académico o deportivo ha derribado la barrera de los prejuicios machistas que gobiernan al mundo desde tiempos inmemoriales.

“Nosotras estamos terminando con los prejuicios de los hombres. Les podemos demostrar que estamos a la altura de cualquier varón. Luchamos para que no se nos discrimine o nos tilden de “machonas”. ¿Por qué muchas mujeres que practican diferentes deportes son respetadas y a nosotras si nos mira o miraba diferente?”, analizó Oriana, jugadora amateur de fútbol.


Ya hace varios años, unos quince aproximadamente, la mujer se introdujo muy de a poco en este rectángulo, donde solo hombres participaban. Ellas han irrumpido con los prejuicios y se han animado a no ocultar la fascinación, esa pasión que el gen argentino tiene con el fútbol, esa emoción, a veces desmedida, que hace olvidar al deporte y lo transforma en un estilo de vida.

Es verdad que este deporte, jugando por ellas, no tiene el mismo valor comercial que el fútbol masculino. Pero desde la lucha, la cual implica trabajo y sacrificio. Se ha conseguido que la FIFA reconociera y organice una Copa Mundial de Fútbol Femenino, y pese que en la mayoría de los países no exista una asociación nacional que englobe a cada uno e los países como si sucede con los hombres, esta es una larga pelea, la cual la mujer esta dispuesta a dar y ganar. Solo necesita tiempo.

Jugando desde niñas, continuando en la adolescencia y en la adultez. Formándose para ser juezas de líneas, o árbitro principal, instruirse para ser periodistas deportivas, organizando comités de “fútbol de la mujer”, llevando el deporte a lo más profesional posible. De a poco se ha forjado un camino en el cual la mujer, otra vez, iguale o hasta supere al hombre.

La explosión de la mujer no solo se puede ver en las canchas de fútbol, sino que en la televisión. Se ve invadido, en el buen sentido de la palabra, por chicas que van a ver a su equipo, a participar de torneos femeninos, de animar a jugar mezcladas entre los hombres, de hundir sus tabúes hasta hacerlos desaparecer y sentir equivalencia plena con sus pares masculinos.
 
Silencio o verdad. Durante muchos años optaron por la primera, pero ser feliz es la verdad y eso hace que la revolución se esté dando, de manera tal, que ya han ocupado un pequeño lugar, el cual no van a resignar y convertirlo en un espacio igualitario sin precedentes. Ni en la cabeza del más idealista puede estar la posibilidad de que el fútbol femenino iguale o supere al del hombre, pero la vida ha demostrado infinidad de veces que las revueltas han generado revolución.
 
Lo mismo sucedió con el hockey. En Argentina, es un deporte que ha aflorado por la lucha de mujeres que se han roto el alma para darse felicidad y así, sin darse cuenta, queriendo o casi sin querer, llegar a la cúspide del mundo. Hoy las Leonas son, la mejor o una de las dos o tres mejores selecciones de ese deporte del planeta y quizá de la historia. A tal punto que ha llevado y transmitido la pasión a muchos hombres.

Dicho esto, si ellas lograron tal hazaña, (sin contar, por supuesto, los derechos ineludibles que han ganado afortunadamente) ¿Por qué no repetir? Si al fin y al cabo son las hacedoras de la vida, el génesis de la raza y un bastión inexpugnable de dignidad y amor propio.


Adopción: Desenterrar raíces



Por Jordan Pérez Urrutia y Lucila Morinigo


Porque la historia detrás de cada persona es más grande de lo que aparenta.

Cuentos de hadas. ¿Qué pasa cuando te los inventan para cubrir ciertas cosas? La inocencia de los niños está muy sobrevalorada, pero ayuda.
"Había una vez una pequeña familia que fue bendecida por una bebé. La mamá no podía tenerlos, así que esta bebé los iluminó con su presencia… para siempre". Te están contando que sos una bendición, que fuiste una noticia feliz y tenés toda la vida la presión de no ser un fracaso y cumplir con esa tarea, la de dar felicidad. Veintiún años pasaron desde ese momento.

Anécdotas, ¿qué son? Según el diccionario, son sucesos poco importantes y circunstanciales. ¿Los recuerdos? "Cosa, situación, hecho recordado". Son sólo palabras que no están humanizadas a la hora de leerlas pero que cada persona les da la significación adecuada.
¿A qué voy con esto? A que todos tenemos recuerdos. Y los míos son parte de una historia que voy a contar, y no precisamente sacada de un cuento de hadas.

Dieciocho años tenía, cuando encontré entre documentos viejos y polvorientos, los papeles de adopción. Una ya lo tuvo asumido toda la vida, pero, ¿qué sucede cuando tu historia biológica está a la vuelta de la esquina? Los leí detenidamente. Daban muchos detalles. Es muy extraño ver tu partida de nacimiento con otro apellido. Otra identidad. Otras raíces.

Quise ir, y fui. Nunca dudo las cosas. Porque cuando uno duda es porque sabe que no lo va a hacer nunca. Es simple. La espontaneidad. En el camino vas pensando mucho: qué decir, qué no decir, cómo actuar, qué evitar. Y cuando estás por resolver ese enigma, estás ahí. Parada en frente a todas las respuestas de la vida.

¿Por qué fui a conocerla? Por curiosidad. Sólo curiosidad. Me interesaba mucho saber cómo era y por qué había pasado todo lo que pasó.

Le pregunté si era ella; dijo que sí, con otra bebé en brazos. Le comenté quién era yo, ella entró en llanto. Sus ojos verdes que sobresalían ante una mirada triste, devastada, decían más que mil palabras. Me abrazó, me pidió perdón. "Te busqué, juro que te busqué por años". No puedo recriminarle absolutamente nada. No fue su culpa.

Hoy en surf, el profesor me dijo: "Te voy a tener que dejar", y fue con mi otro compañero a ayudarlo con su tabla. Ni bien me soltó, vino una ola y me di vuelta. Le dije: "¿Ves lo que pasa cuando alguien te deja ir? Se pierde, se da vuelta".

Ella me pidió ir a hablar a la plaza a la que siempre va y accedí. Llamó rápidamente a mi papá. Él llegó. Él, con sus lentes de sol oscuros y su andar adolescente. Él no lo podía creer, tenía un ataque.  Soy una buena fusión de los dos. Tengo el cuerpo de ella, su espíritu noble, su no maldad. Ella es la que me dio mi yin. Él mi yang. Soy la fusión entre un punk rock, anarquista y rebelde, y una hippie con plata y otras creencias. Una Locura. Se sacó los lentes.
Mis ojos.
Vi sus ojos como mis ojos.
Un espejo.
Me transmitió lo que la gente dice que les transmito. Es muy difícil de explicar.

Romina describe sus primeras sensaciones al conocer lo desconocido: ese pasado similar a un libro que acumula secretos como si fueran polvo en los estantes de una biblioteca.

En las primeras hojas de ese libro, Sandra, su madre, intenta unir recuerdos y los saca de esa Caja de Pandora que al igual que en la mitología griega, lo último que pierde es la esperanza.

“A los 15 años quedé embarazada, no dije nada a nadie, solo al 'Turco', el papá de Romina. Yo quería con todo el alma a ese bebé, estaba enamoradísima y pensé que la historia iba a tener otro final”, empezó a relatar Sandra, quien además agregó que nunca se le notó la panza. “Seguí mi vida como si nada pasara, colegio, salidas, amigos y mi secreto”.

Comentó, acongojada: “A los ocho meses mi mamá se dio cuenta y ahí mi historia cambió. Desastre, caos, llantos y una mamá que pensó que lo mejor para su hija era arrebatarle ese bebé”.

- Ese bebé que llegó un…
- 16 de agosto. La tuve en la clínica Colón, por cesárea, una hermosa nena de ojos grandes, a la que arrancaron de mis brazos como se le saca un caramelo a un nene, sin oportunidad de quedármela, sin piedad alguna. Quedé sola con una herida que llevaré para siempre.
El “Turco” nunca le contó a los padres, así que nadie me ayudó, creo que la historia hubiera sido diferente.

¿En algún momento te arrepentiste de algo?
Sí, me arrepentí siempre de no tener los ovarios para hacer frente a todos y por eso cargo una mochila llena de culpas que pesa mucho. Con el tiempo perdoné a los que me habían hecho esto, aunque por momentos sienta bronca.

- ¿Intentaste recuperarla?
- ¡Si! La busqué por todos lados. Fui a tribunales y nadie nunca me dijo nada, cuando un bebé es dado en adopción no te dan datos.

Sandra confesó que ver nuevamente a Romina le cambió la vida. “Verla y conocerla, un poco aunque sea, me alivió un poquitito el dolor, saber que está bien y fue y es una mujercita muy amada, con esos ojos que iluminan todo y esa sonrisa hermosa, me dio paz. La amo, es una parte mía, con tantas cosas en común. Es increíble cómo lleva mis genes, mi sangre, mi pasado… Pero el puto destino quiso que nuestra historia sea esta”.

“Lo bueno es que si queremos le podemos poner un final feliz. Todo depende de nosotras ahora”.

¿Pensaste en algún momento volver a verla?
Sí, jamás perdí las esperanzas. Finalmente fue como siempre lo imaginé.

- ¿Cuándo fue el reencuentro?
- Hace dos años, justo el día de la mujer, yo salía de casa y ella en la puerta me preguntó si era Sandra, le dije que sí y me dijo: “Soy tu hija”. Casi muero. ¡Era tan feliz!

- ¿Le contaste lo que pasó?
- Sí, le conté la historia, sentía que la conocía de toda la vida, fue algo increíble.
Luego vino el “Turco”, yo lo llame y casi se desmaya cuando la vio (risas). Para mí fue como verme en un espejo, es como si me viera con 19 años.

Sandra comentó que Romina le decía que tendrían un montón de tiempo por delante. Pero éste duró poco. “Nos vimos durante dos meses o tres, festejamos su cumpleaños, nos veíamos seguido, después la dejé de ver porque los padres adoptivos se enteraron y se pusieron mal, y así, perdí el contacto total con ella, recién ahora volvimos a hablar un poquito. Así que para mí fue malísimo porque fue como que la volví a perder de nuevo, y nunca me dijo bien por qué se alejó, así que quedó todo como en suspenso”.

“¿Errores? Muchos. ¿Cuál es el que más lamento? Haber compartido la historia con mi hermana adoptiva. Ella les contó todo a mis papas. 
Y ese fue el final.”

Sandra afirmó que, ahora que no están en contacto, esperarla y darle su tiempo es muy importante. “No quiero forzar las cosas, por eso trato de escribirle cuando ella lo hace. Esperarla y respetarla. Yo le dije que siempre voy a estar y que me pude tener como amiga o consejera, para lo que ella necesite. Lo que pasa es que la otra vez yo me re cebé y la quise llevar a todos lados. Ahora voy a hacer las cosas con más tranquilidad”.

- ¿Cómo fue que perdieron el contacto?
- Ella me eliminó de todas las redes sociales, lo que hice fue escribirle una carta a la mamá adoptiva agradeciéndole por todo, diciéndole que hay amor de sobra, que no quería ocupar su lugar, solo estar ahí al lado y acompañar a Romi en los años que quedaran.
También les mandaba mensajes a sus amigas, pero no me contestaban jamás. O sea que yo no sabía cómo hacer para poder hablarle, que me diera una explicación, pero de última yo no tenía por qué hacerlo. Sigo cargando mis benditas culpas.

¿Por qué te distanciaste?

Me distancié por las circunstancias. Mi familia no estaba de acuerdo y tuve que hacerme a un lado. Fue muy duro para las dos partes así que tuve que ceder.
Si pudiera pedir un deseo, sería que a mi mamá no le duela toda esta situación. Molestar, le puede molestar. Pero si le duele, está mal.

En medio de la entrevista, Sandra explicó que la familia tenía otro integrante. “Tiene un hermano ¿Sabías? Se llama David”.
“Bueno yo seguí con el papá de Romina y a los tres años buscamos a David, yo feliz. Igual toda mi vida estuve pensando en esa beba. Un hijo nunca suplanta a otro hijo, ni en pedo. ‘¿Dónde estará?, ¿cómo estará?, ¿qué estará haciendo?’, son algunas de las preguntas que por muchos años no pude contestar”.


¿Él sabía todo esto?
Sí, la agregó a Facebook, yo le dije que no perdiera contacto con ella. Un día me dijo que ella no le escribía más y a mí me puso re mal porque también siento que los separé.

“Ella me mostró fotos de cuando mi hermano David era un bebé. Un porotito con las mismas facciones que yo. Ojotes verdes, sonrisa, perspicacia. Fue una linda noticia, y muy dura. Duele muchísimo no haber podido verlo crecer, ser la hermana mayor que lo aconseje, lo ame como se merece. Un sueño hecho realidad, para otro. Porque YO no lo pude disfrutar. Le pedí disculpas por eso, por no haber estado. Pero bueno, las cosas no siempre salen como uno espera”.


- Cuando tuviste a David, ¿Viviste una situación similar con tus familiares?
- En el momento que quedé embarazada de David yo ya tenía casi 20 años, así que fue diferente la historia. En mi anterior embarazo tenía 15 y en ese momento era todo muy “¡Ay 15 años y embarazada, qué van a decir!” Mi mamá se hizo la re película. En la actualidad son muy diferentes las cosas.
Estaba embarazada por segunda vez, no me interesaba nada ni nadie, era mi decisión y punto. No te digo que era una adulta pero tenía los ovarios más puestos y ahí fuimos con todo. Los padres del “Turco” son lo más, por eso digo que si ellos se hubiesen enterado, todo sería diferente porque los abuelos por parte del papá de Romina siempre me ayudaron en todo.

“¡Lo loco es que siempre estuvimos re cerca!, yo vivo acá en el puerto y ella estudió en un colegio de la zona. ¡Lo que es el puto destino!”, exclamó Sandra.

Luego de lo vivido, Sandra reflexionó y dejó un mensaje para todas las mujeres que están sufriendo lo mismo que ella hace algunos años. “Lo que pasé yo, no se lo deseo a nadie. A todas las chicas les diría que no están solas, ahora hay lugares donde ayudan a las mamás menores de edad, que dar vida es maravilloso, ver crecer a los hijos y estar ahí para ellos, es lo más”. Además, sentenció: “Una no se recupera más de algunas cosas y dar en adopción un hijo no es la solución. Si les pasa como a mí, que fue a la fuerza tener que dar en adopción, ¡les aconsejo que luchen y defiendan ese cachorro como leonas! Siempre hay alguien que las va a ayudar. Siempre hay opciones. Lástima que me di cuenta tarde”.


¿Qué le dirías a los que son adoptados y les pasa lo mismo que a vos? ¿Que vayan por todo o que se pongan entre la espada y la pared?

Que fluya, que hagan lo que sientan. Son sus raíces y tienen derecho a conocerlas, pero que siempre se pongan del lado de sus padres, que son los que realmente los criaron. Padre es el que cría, no el que engendra.



- Entonces el haber conocido a tus padres biológicos, es un claro punto de inflexión en tu vida....

- Pienso mucho en eso. Pienso en esas raíces desviadas que me hicieron vivir la vida con una perspectiva diferente. Nos tuvimos que separar, así se dieron las cosas. Todas las cosas que compartimos quedarán en la conciencia de cada uno. Lamenté haberme alejado. Pero el destino es así. Si le hacés bien a uno, lastimás a otro. Estoy feliz si ellos están felices.

Romina deja en claro sus sentimientos, tan perceptivos de una realidad que conoció hace poco y trata de sacar el mejor partido: “Soy la persona que soy gracias a un poco de todos, pero de la sangre más. Los genes, las raíces. Ellas. Nunca me sentí tan sorprendida”. 


Las identidades de los entrevistados fueron modificadas para resguardar el derecho a la intimidad


Acoso callejero



Por Mariana Brailovsky y Alejandra Salinas

En los últimos años la figura femenina ha tomado un rol cada vez más importante, ha redimensionado sus derechos y hasta se la puede poner a la par del hombre, cosa que tiempo atrás era impensable. Sin embargo, la mujer tiene que lidiar día a día con algo que parece no tener solución: el acoso callejero.

¿Cuántas madres, hermanas, amigas o conocidas sufren el acoso del hombre cuando van caminando por la calle? El chiflido como si  fuese un perro, la falta de respeto, o hasta el toqueteo. 

A veces pareciera que hubiese que agradecer que el acoso verbal no pase de eso, como si la mujer además de soportar aberrantes frases tuviese que decirle al hombre que le grita “gracias por no violarme".

 Cualquier mujer, señora o señorita alguna vez han sufrido estas situaciones. No hay una de ellas que conteste que no, la gran mayoría de la población femenina sufre del continuo acoso de “hombres” que para ser más “machos”, más viriles y mostrarse como fuerza superior acosan verbal y físicamente al sexo femenino. Lo paradójico, es que nadie se para a decirles nada e incluso algunos festejan estas actitudes. ¿Las personas que actúan de esta manera tienen en su familia mujeres? ¿Piensan en ellas y como se sentirían en este tipo de situación?.
 
Muchas estudiantes han padecido estas situaciones, camino a la facultad, camino a la escuela o hacia sus casas. ¿La sensación? Casi todas coinciden en que se sienten incomodas, indefensas y con impotencia al no poder hacer nada. Saben que son superiores físicamente, que tienen más fuerza, que la mujer prefiere mirar al piso y no decir nada, prefiere callar para que la situación no pase a mayores, se siente intimidada, ultrajada y con una voz que hace silencio por miedo. Los hombres que tocan, que gritan obscenidades, que miran de manera desagradable, dan miedo, provocan que las mujeres dejen de caminar solas, que se tapen porque se sigue creyendo que “provocan” estos hechos.

“El 4 de marzo del 2015 se marcó un hito en la lucha por la igualdad de género en Perú y América Latina: el congreso de la República del Perú aprobó un proyecto de ley para prevenir y sancionar el acosos sexual en espacios públicos que previene y sanciona el acoso sexual callejero, el primero de su naturaleza en el continente” (Fuente: http://paremoselacosocallejero.com/).

La mujer no se viste para provocarte camino al trabajo, tampoco para que la manosees mientras pasa por la obra que estás construyendo. No, no pretende que le toques bocina con tu auto cuando cruza la calle. Mucho menos quiere que te apoyes en ella con la excusa de que el colectivo va muy lleno y fue “sin querer”. 

El acoso callejero no es sólo una frase que hace el hombre al pasar. Es algo que alude a la sexualidad, que además lo llevan a cabo con silbidos, comentarios fuera de lugar, miradas fijas, cierre del paso, manoseo, seguimiento. Del 7 al15 de abril se celebra en todo el mundo la semana internacional contra el acoso callejero. 

La mujer en su día a día lucha contra eso y teme que algún día pase a mayores, si es que todavía no pasó. Muchas mujeres no reaccionan frente a esas ofensas ya que tienen miedo. ¿Cuántas mujeres cruzan la calle al ver un grupo de hombres sólo por temor o para no vivir un mal momento?


Proponen multar a los hombres por el acoso callejero

Cada vez se amplía más la lista de países que tienen una ley contra el acoso callejero. Perú fue el último en aprobarla, el 5 de marzo, y la misma prevé penas de 3 a 12 años de prisión. En Bélgica, quienes pronuncian comentarios sexistas en la vía pública deben pagar entre 50 y 1.000 euros o pasar un año en la cárcel.

En Argentina, el movimiento Libres del Sur presentará un proyecto para “sancionar el abuso callejero en espacio público”.  La propuesta establece en el artículo 129 que todo aquel que ejerza acoso contra una mujer será penado con una multa de cien a siete mil pesos y que ese dinero será destinado al Consejo Nacional de la Mujer. Además, este punto deberá ser exhibido en espacios públicos y en edificios oficiales.

Sin embargo, un informe de la ONG "Bullying Sin Fronteras" indica que hay más de 100 denuncias por mes por acoso callejero, que se tramitan en los tribunales porteños y de la provincia de Buenos Aires. Para la Justicia el acoso se circunscribe a todo comportamiento agresivo y persecutorio de una persona hacia otra, como gritarle guarangadas a una mujer, perseguirla y amenazarla con ataques sexuales; escenas cotidianas para cualquier muchacha que camina por la calle. (Fuente: www.infonews.com.ar).

“¿Sufriste acoso callejero?” Algunos testimonios

Abril: “Sí, lo sufrí. Y para mí lo hacen porque siguen con la idea de que la mujer es un objeto y que solo está para servirlos a ellos. Se quieren sentir superiores al hacernos sentir incomodas y hasta a veces indefensas. Textual no me acuerdo que me dijeron, pero que te tocan bocina, giran para mirarte o te dicen cosas constantemente”.

Dalila: “Me pasa todos los días cruzando Juan B Justo para ir a la facu. Hay veces que hasta lloro literal, me da impotencia no poder hacer nada. Creo que lo hacen porque no piensan en la mujer, solo piensan en lo que sienten en ese momento. Nunca me tocaron gracias a dios pero estoy cansada de escuchar cosas”.

Georgina: “Sufrí cosas siempre, una vez cuando tenía 13 pase por una obra y un hombre me toco la cola. Yo me asuste y a las dos cuadras le dije a mi tía lo que me había hecho. Al hombre no le dije nada porque era chica y me asuste.  Creo que lo hacen porque son sexópatas, desubicados y mal educados”.

Lucrecia: “Me han dicho cosas. Lo dicen porque son machistas y se creen con derecho a molestar las mujeres”.

Micaela: “Sí, me gritaron una vez por la calle y nunca terminaron. No me tocaron, pero les fui indiferente porque me pone muy incómoda esa situación. Lo hacen porque ven a la mujer como un objeto”.


El acoso además de verbal, también puede ser sexual. No se da sólo en la calle. Existe el acoso laboral, el acoso en el transporte público. 

El acoso sexual puede ocasionar que una mujer deje su empleo para no afrontar el problema, si bien debido a la actual crítica situación socioeconómica de la Argentina lo más probable es que calle y se someta para no perder su ingreso. Puede ser despedida o perder sus perspectivas de promoción por no haber accedido a las sugerencias que le fueron hechas. La mujer acosada tiene siempre una sensación de culpabilidad generada por la carga social y cultural que, ante estos hechos, ve a la mujer como una “provocadora”. (Fuente: www.secretariasenred.com)
  
No es lo mismo piropo que acoso, y hay que desnaturalizar estos hechos de la sociedad. La mujer no responde por miedo, no porque le gusta lo que le decís. Si bien este es el principio de algo que va a llevar tiempo erradicar, el género femenino se unió a través de internet para denunciar este tipo de acosos. El uso de las redes sociales comenzó a utilizarse para difundir situaciones, consejos y denuncias de hostigamiento masculino. Hay una página en especial que es la que comenzó aincitar a las mujeres a que comenten sus vivencias, es una página Estadounidense, se abrió en 2005 en New York, es sin fines de lucro y genera un movimiento en contra del acoso callejero. Ahora existen 12 sitios hermanos de Ihollaback en 12 ciudades internacionales y 14 más aparecerán pronto.



El macho proveedor




Por Lucía Falotiche, Daiana Casas y Michelle Ponce

Miradas, mensajitos de texto, sonrisas, la ropa y el perfume, una preparación casi religiosa. El punto de reunión está dicho, y el encuentro es inmediato. El hombre muestra sutilmente su caballerosidad, al sacarle la silla. Y ella, se encanta con ese coqueteo. La velada transcurre con tranquilidad, y ambos se sienten a gusto, la cena va acabando y en sus mentes la idea de verse por segunda vez, los invade. El hombre realiza la seña y de repente el mozo se acerca, sus gestos se enfrían. La mujer tiene varias opciones, amagar a pagar, agarrar el celular o ir al baño; él en solitario piensa. ¿Quién tiene que pagar la cuenta?

No es válido el “miti miti”, ni el “paga vos”. Según un sondeo realizado a  30 mujeres de la ciudad de Mar del plata, de entre 15 y 35 años, la mitad  considera que el hombre debe sacrificar la billetera y que ellos deben mantener la apariencia de príncipe azul. Es por eso que casi automático aparece el billete del caballero  y así cancela los minutos de incomodidad. 

En la actualidad, el rol de las mujeres ha cambiado. Los pañales, las mamaderas y los platos sucios han quedado atrás, ahora ellas también son un sostén y aporte a la economía del hogar. Sin embargo, para muchas, ellos siguen siendo los que llevan los pantalones, y brindan estabilidad y seguridad a su hogar. Algo que se muestra en contradicción con la nueva mujer independiente, que cree en un sentido más igualitario al momento de afrontar los gastos en pareja. 

A pesar del paso del tiempo, la caballerosidad sigue reflejándose entre los más jóvenes: abrir la puerta del auto, esperar que entre a casa o simplemente sorprender con flores cortadas de un jardín, son actos que demuestran que estas costumbres siguen vigentes y que aún así, poca relación tiene con el machismo, sino que es más una cuestión de cortejo y aprecio.

Por otra parte, las primeras citas manifiestan las intenciones a futuro de una posible relación. Un claro ejemplo, es que las mujeres reconocen, que aunque muchas veces se ofrecen a pagar, esperan que los hombres se lo impidan. De la misma manera, pagar a medias es sinónimo de que la cita no tuvo éxito. 

David Frederick, profesor de la universidad de Chapman de California, Estados Unidos, realizó en el 2013 una encuesta sobre qué género debe pagar la primera cita. A su vez, analizó la resistencia a los cambios con respecto a las normas convencionales. Los resultados de la investigación fueron claros: los hombres aceptan que sus parejas tengan un ingreso fijo, pero ellos no realizan el mismo esfuerzo para hacer las actividades domésticas, que a lo largo de la historia se le ha adjudicado en su totalidad  al género femenino. 

Entonces, la cita es el momento en el cual se observa que a pesar de que la mujer sostiene la bandera de la igualdad, predica la teoría del macho proveedor.




Obesidad infantil: ¿Panza llena, corazón contento?



 Por Tamara Vartabedian y Emanuel Laure

Es la hora de la cena en la casa de la familia Langoni. Miguel, ‘Miguelito’ para los conocidos, se alegra al escuchar el llamado de su madre para poner la mesa. Su felicidad aumenta cuando se da cuenta de que prepararon su comida preferida: Hamburguesas con papas fritas. Pese a que aparenta ser una comida familiar común y corriente, no todo es lo que parece. Miguel tiene 8 años y pesa 90 kilos.

-No me parece tan dramático, es algo por lo que todos los chicos atraviesan en la infancia. Estoy esperando que pegue el estirón- dice Juana, la mamá del menor.

El desayuno del niño consiste en medio sachet de leche con 6 cucharadas soperas de cacao y 3 facturas, todos los días. Su vianda para el almuerzo en el colegio, siempre es doble ración y, al llegar a su casa, merienda el resto del sachet de leche con galletitas dulces o facturas de la mañana. La cena, siempre abundante, lo deja saciado en las horas de sueño, para volver a empezar su rutina al día siguiente.

-Si hago pollo, sé que tengo que comprar bastante porque mi hijo come más que mi marido. Ha llegado a comer medio pollo él sólo. No puedo decirle que no- explica la madre.

 Un niño de corta edad no tiene conciencia de las complicaciones de salud que conlleva pesar casi 100 kilos antes de la pre adolescencia. Son sus tutores los que deberían hacerse cargo de la situación, tomar las riendas en el asunto, y no adaptarse a su peso, sino, ayudarlo a que adelgace. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existe en el mundo alrededor de 42 millones de niños y niñas con sobrepeso, de los cuales más del 80% viven en países en desarrollo. Como él, hay miles de ‘Miguelitos’ en el mundo, chicos y por qué no, adolescentes y adultos también, que transitan una vida llena de obstáculos. Tener esa contextura física también implica, en el mayor de los casos, ser sometido a discriminaciones sociales.

-Este año empecé en un colegio nuevo. En el anterior mis compañeros me empujaban y pegaban porque decían que era una pelota con la que podían jugar al fútbol- dice Miguelito mientras merienda.

Desde el Centro de estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) aseguran que lo que se debe hacer en estos casos antes de examinar prolijamente al niño con sobrepeso, es evaluar  “genes, medio ambiente y familia”. “No sólo prescribamos dietas que sirven de poco, cambiemos a las familias y a los pacientes en sus hábitos de actividad física y alimentación’, aseguran desde CESNI. Además, agregan ‘la mayoría de los niños están expuestos a pasar muchas horas frente al televisor, lo que provoca un ocio sedentario cada vez más atractivo’.

La obesidad es una enfermedad. Ningún obeso elige ser como es, ya sea por sus genes, por llevar una vida sedentaria o por falta de apoyo familiar, la persona se encuentra en esa circunstancia. La belleza es subjetiva, no hay que ser gordo ni flaco para ser lindo.  Pero si es necesario alentar, priorizar y educar  a los chicos a comer en forma saludable, a realizar actividad física. Consulten a profesionales de la salubridad en los casos más extremos, y así, se reducirían los 50 millones de menores, entre niños y adolescentes, que hoy en día componen el índice de chicos con sobrepeso de América Latina.

Los nombres de los entrevistados fueron modificados a pedido de la familia.

Chalet Plus Ultra: No soy sólo una fachada bonita



Por Gastón Cánovas
 
Si me ven hoy probablemente no entiendan por qué alguna vez fui uno de los íconos arquitectónicos del barrio La Perla. Tengo los postigos despintados, se me caen las tejas, mis balaustradas están podridas y llenas de musgo. Mis herrajes quedaron corroídos por el óxido del mar que durante tantos años miré desde lo alto de la loma de Santa Cecilia, hasta que me dejaron “ciego” con otra construcción más alta que yo. Bueno, no sólo el mar me oxidó, parece que también hizo su parte el olvido. Durante muchos años no destrabaron mis cerraduras, no giraron mis picaportes, no destrancaron los postigos. Tan poco importo como soy, se ve, que corro el riesgo de dejar de ser yo mismo.
            Hace casi sesenta años fui el proyecto de un ingeniero que vio en el mar mi forma de ser. Para volverme fiel al pintoresquismo español, vino un artista, Catteruccia era el apellido, y me talló en el frente una representación del Quijote de la Mancha. A pesar de que mi nombre es Plus Ultra (Más Allá), por el lema de España, gracias a este muchacho los vecinos me empezaron a decir “el chalecito del Quijote”.
            Soy… o fui imponente. Las columnas de piedra robustas de la galería sobre el galardón de Don Quijote hacen las veces de piernas que sostienen la superestructura de mi tercer piso. Mi rasgo más característico es el balcón empotrado con balaustres de madera y hasta tengo una corona, el escudo de armas de la familia.
            Los Huerta me habitaron durante años. “Qué linda casa la suya, señora Huerta”, se escuchaba a una vecina. “Señor Huerta, que garaje tan grande” (me entran dos autos), decía otro.
            Y bueno, garaje grande voy a seguir teniendo. Más grande, incluso, cuando me anexen un pedazo cúbico y desabrido. Dicen que la nueva construcción va a mantener los parámetros estéticos y tecnológicos actuales que no están tan mal vistos. Pero, ¿me imaginan al lado de semejante quilombo de vidrio, pisos flotantes y sillas Barcelona?
            Mis vecinos me van a dejar de querer y los Huerta ya no están para defenderme. En el barrio convivíamos en armonía, los escandalosos edificios nuevos llenos cortinas black-out y sin ningún rasgo arquitectónico característico se quedaban en la costa tapándole el sol a los que eligen el balneario Alfonsina para pasar el verano. Y nosotros, los antiquísimos chalets, estábamos resguardados de sus impertinentes fachadas adentro de la loma. Ahora voy a ser víctima de los cuchicheos de las vecinas que se quedaron sin sol en los jardines y tienen las hortensias llenas de polvillo, de las palabrotas en voz baja de cada chica piropeada por pasar frente a la obra, de los bufidos de los empleados de Obras Sanitarias que van a tener que hacerle un mantenimiento mayor a las cloacas y desagües de la cuadra, porque a mí no me van a venir a decir que estas moles tiran la misma cantidad de aguas negras que uno.
            No me voy a acostumbrar a que los fotógrafos dejen de venir a inmortalizar mi Quijote de piedra. Seguro se vayan para 3 de Febrero, donde ahí todavía, y sólo todavía, se mantienen los chalets de uno o dos pisos. Estoy arrumbado, viejo, descascarado, chorreo humedad y mis metales contagian tétanos. Pero hoy, así como soy, me siento más vivo de lo que me voy a sentir el día de mañana cuando un gigante moderno y frío opaque mi fachada.