Los baños públicos de los boliches: un mal necesario




Por Mora Agustina Di Paolo


Muchas mujeres, muchos hombres, todo ellos en un mismo lugar, apretados. Intercambian miradas, sorbos y piropos, pero el objetivo es uno solo. Las personas se acercan a ese lugar, que mas que lugar es un oasis, es la Meca. Es el espacio donde todo ser humano es igual. Ese cubículo no distingue edad, religión o condición económica. Chetas y rochas, caretas y wachiturros se rinden a sus pies: el baño. Ese cuadrado de 2 x 2 es el sitio tan deseado por quienes concurren a bares y boliches, y donde la vejiga pide tiempo fuera. En su puerta, una procesión se convoca, algunos impacientes otros mas relajados, pero todos conteniendo.
"He visto de todo en estos 12 años trabajando acá, en este pasillo", cuenta una mujer de unos 50 años, quien es la encargada de dirigir y controlar la puerta de los baños femeninos y masculinos de un boliche de la ciudad. Ella, con una sonrisa, dialoga todos los fines de semana con centenares de personas que buscan hacer mas llevadera la espera para entrar a "hacer sus necesidades". Muchos con respeto y simpatía, otros un tanto alterados por la necesidad escatológica que, al verse satisfecha, logra cambiar el humor de las personas. Los hombres se mojan el pelo, las mujeres le hacen ojitos al espejo y siguen su camino, esperando no tener que volver a hacer esa fila eterna o sabiendo que pronto volverán.
"Los hombres son mas respetuosos que las mujeres, incluso me dejan mucha mas propina", manifiesta "la del baño" cansada del trajín de la noche y con ganas de que su lugar de trabajo cierre para poder irse a dormir.  Pisando charcos de agua y otras sustancias de los inodoros tapados, junto a una banqueta con un pequeño recipiente de plástico con algunos billetes y otro de papel higiénico enrollado comenta mientras la fila avanza: "Las mujeres son sucias, no les importa que después haya que limpiar". Coordinando el ingreso agrega: "He visto mujeres haciendo pis al costado o vomitando y después se van como si nada hubiera pasado". Es ese el momento en el que esta mujer agarra su equipo de limpieza que consiste en un balde, lavandina, trapo de piso y escurridor y se dispone a limpiar. Un poco de coraje y otro poco por costumbre. Todo un servicio. Ni mamá lo haría.
Sin embargo, lo más "asqueroso", para esta señora que parece tener el estómago y las manos de acero, han sido otro tipo de situaciones: "Una vez vi dos chicas apretando mientras hacían la fila, un asco", cuenta mientras su cara expresa repugnancia. Limpiar caca por lo visto no es nada en comparación a un besito entre chicas.
Eso si, sin dudas la mujer del baño lo ha visto todo, muchos mas de lo que a nosotros nos resultaría agradable ver.
EL ARTE DE HACER EN EL BAÑO PÚBLICO
Una vez adentro, el desarrollo de las tareas higiénicas puede ser normal, como lo hacemos cotidianamente en nuestros hogares. En otros casos, el clima de farra y el alcohol pueden lograr que hacer lo primero sea una situación un tanto tragicómica. ¡Y que hablar si se trata de lo segundo!
Como ha quedado claro anteriormente, las condiciones de los baños de los locales bailables suelen ser poco higiénicas, en parte por culpa de sus usuarios y otra parte por la poca importancia que los dueños le dan al preciado retrete. Es entonces cuando comienzan los malabares, en el caso de las mujeres, para poder hacerlo sin caerse, sin ensuciarse, sin que se les caiga la cartera en el piso mojado. Asumiendo la carencia de papel higiénico, muchas señoritas por consejo de su madre llevan papel en sus bolsos, mientras que algunas osadas desarrollan una acción denominada sacudida, también conocida entre los de sexo masculino.
El baño masculino también tiene sus particularidades. Allí se baten a duelo los hombres mediante miradas de reojo. Defienden su dignidad, miden su hombría y su éxito con las chicas. Claro que ninguno de ellos lo asumiría. Algunos sólo dirán que es un acto reflejo, es natural. Otros, sin embargo, lo negarán, incluso con argumentos homofóbicos. Hombres.
"NO HAY PAPEL, NI SIQUIERA UN PEDACITO"
Atravesando el fino límite entre lo agradable y lo desagradable, ahondando en las profundidades de la deyección, y a falta de bidet o del preciado papel surge un dilema más que existencial que no todos tienen la audacia de resolver. El gran cómico Hugo Varela nos brinda una excelente solución en su canto "Corbata rojo punzo".



El baño público saca lo más desagradable de cada uno. Allí adentro hasta la más coqueta pierde el encanto. En el baño del boliche las personas se toman un rato para pensar, se generan reflexiones profundas, se planean y gestionan próximas actividades: el siguiente trago a beber, el siguiente paso en el coqueteo con el/la que nos está esperando en la barra.
La filosofía del baño público es tan brillante como simple, tan cotidiana como lo es justamente ir al baño. Es una expresión libre, es rebeldía y es honestidad, porque creemos que nadie va a reconocer la autoría. Esos escritos nos generan una sonrisa en un momento de silencio y concentración o mientras intercambiamos palabras con el que nos espera afuera.
Es un lugar de paso que pocos cuidan justamente porque todo allí dentro debe ser así, sino no nos sorprenderíamos como lo hacemos al entrar a uno limpio y con olor agradable. El baño público es un asco porque las personas son un asco hacia lo que es público. Son dañinas, es la esencia, es innato. Sin embargo, nadie duda en acudir a él cuando el cuerpo lo pide, pisar los charcos, sostener la puerta, hacer, limpiarse o no, tirar una cadena imaginaria y salir con la sensación de alivio en la cara. 

En búsqueda del mesías:Padres que presionan a sus hijos en el deporte




Por Juan Ignacio Moreno
Es inevitable no sentir resignación al ver como algunos padres, por no decir la mayoría, sienten que sus hijos van a ser la salvación económica de la familia. Quizás muchos no pueden entenderlo, pero esos chicos sienten una presión que los hace sufrir y puede bloquearlos.
Son muchos los deportistas frustrados que se encuentran divagando por la vida, algunos no pudieron seguir con sus deportes por alguna lesión, otro por problemas económico o familiares, o muchos no eran buenos en su actividad. Si se ven tantos ex chicos que no llegaron a ser deportistas profesionales, ¿por qué los padres les exigen tanto?

Esto puede verse en las canchas marplatenses de fútbol, donde juega la categoría 98´, 99´, 00´, o también llamadas novena, octava o la séptima. Padres que en vez de pasar un sábado viendo a su hijo divertirse, van a liberar la mala energía y todas las frustraciones habidas y por haber con el desempeño de sus hijos en la cancha. Hombres que se agarran al alambrado como si fuera el “Tano” Pasman viendo a su equipo descender, olvidándose que es su hijo de 12, 13 o 14 años, que intenta lucirse para conformar a su padre. 

Los sueldos elevados de los futbolistas profesionales hacen que  algunos se relaman pensando que su hijo pueda llevar ese dinero a su casa en tan solo cinco años, cuando el pibe debute en primera. “No sabes, los sueldos de la reserva son de 7 lucas”, dicen algunos  y los ojos se les  iluminan como si estuvieran viendo el dinero en sus manos.

La ex campeona del mundo de Patín y psicóloga marplatense Silvina Posada (M.P. 47273) sostuvo: “Hay casos de padres fanáticos que cambian el comportamiento si el chico ganó o perdió. Está en juego que se pueda salvar la familia económicamente. Para muchos padres está en juego sus propios deseos que no pudieron cumplir. Ven en el hijo una prolongación de sí mismo y proyectan en ellos lo que no pudieron lograr o alcanzar.”

¿Qué se puede hacer ante esto? Ir y comprobarlo los sábados a las mañana en clubes como Once Unidos, River Plate (Mdp) o en el predio de Aldosivi “Salvador Tatore Vuoso”, entre otros. Estos escraches a la juventud se ven todos los días, hasta en los entrenamientos diarios. 

Es difícil encontrar culpables acerca de por qué algunos padres exigen así a sus hijos, aunque los reglamentos de los torneos infantiles de fútbol tienen errores que los autoproclaman responsables. Se juegan  torneos por puntos. Desde muy chicos, los pibes conviven con el “gané o perdí”, y no los deja aprender a divertirse. Silvina Posada afirmó: “El deporte tiene que fomentar valores”.

A su vez Posada recomendó que la familia debe acompañar lo que el chico elige, siempre es bueno que sepa el esfuerzo que se realiza, de esta forma, se inculca una actitud responsable. Además hacerle entender que debe comprometerse con la actividad. Es sabido que en período de iniciación deportiva, el chico en agradecimiento no va a  ganar. Es importante que el chico se divierta.

Si no habría torneos de liga desde una edad tan corta, por ahí se evitaría la sobreexigencia de los padres. No se contarían los goles y se evitaría ese clima enrarecido que se ve día a día en las canchas de fútbol infantil.

Los padres hacen sentir mal a sus hijos y apuntan contra la salud física de los rivales con frases como “rómpele el tobillo”, “apuntale a la rodilla” o “que no te pase, bajalo”. Partidos de chicos se vuelven auténticos griteríos, hasta se encuentran padres que se insultan entre ellos, porque su hijo le hizo algo al hijo del otro. 

También se encuentran los ubicados que van con el mate bajo el brazo y se encargan de mirar mal durante todo el partido al desubicado que grita como un loco.

Posada reflexionó: “Un deportista en iniciación que es presionado por su entorno puede abandonar la actividad que realice, se puede deprimir, hasta puede tener lesiones recurrentes como desgarros, fatigas musculares y bajar su rendimiento. Cuando el cuerpo no está bien habla. “

No solo en el fútbol se ve esta actitud. Hay deportes que convocan a muchos deportistas y también entran en juego diferentes cuestiones que los padres  aprovechan para tomar protagonismo como ganarle al equipo del padre que le saco el lugar en el estacionamiento. Clásicos marplatenses que se dan en el rugby entre Mar del Plata Club y Sporting, en que se viven autenticas batallas, no solo la primera división, sino también las categorías infantiles. Y los dichosos padres utilizan esa excusa para vengarse de alguna cuestión que a ellos les importa.

Otro deporte que convoca muchos pequeños deportistas es el básquetbol, donde puede llegar a verse a padres rondar por la cancha, siguiendo a su hijo para darle indicaciones de donde tiene que pasar el balón. Con palmas en la espalda, los padres intentan motivar a su hijo, como si le sirviera de envión para correr más rápido y así convertir una bandeja a la carrera o un triple en el último minuto, cuando en realidad no hace más que perjudicarlo, ponerlo nervioso y sentir vergüenza.

Ni bien termina el partido, el “11” del equipo está cansado y lleno barro:
-¿Cómo te fue en el partido?
- Bien, me gané $40
-¿Por qué te ganaste $40?
-Porque metí dos goles y mi papá me de $20 por gol que meto.



Exorcizada me siento mejor


 Por María Florencia De Juan



1:04 de la madrugada, la televisión quedó encendida con el volumen al máximo y escuché los gritos de una mujer que estaba siendo agarrada de los pelos y golpeada con una agresividad contundente, sin embargo, el asombro de la imagen se disolvió cuando alcancé a leer la palabra dramatización en la pantalla.
Era una publicidad casi propaganda religiosa llamada  Pare de Sufrir, iglesia instalada en Mar del Plata en Salta 1555, desde hace más de 10 años.

La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) es una agrupación religiosa fundada el 9 de julio del año 1977 en Río de Janeiro, Brasil por Edir Macedo Becerra, presente en más de 180 países en todo el mundo, incluyendo: Portugal, Estados Unidos, Rusia, Hong Kong, Japón, Francia, India, Israel, Sudáfrica, entre otros. La estructura de esta iglesia se basa en el obispo, principal autoridad y fundador Edir Macedo, luego a él le siguen los obispos generales, los pastores y finalmente, están los tradicionalmente llamados “obreros”, colaboradores que asisten de manera voluntaria a las reuniones.

Dejé la televisión prendida, y más de media hora de dramatizaciones después pude llegar a la conclusión de un  fenómeno particular. Los “tormentos espirituales”. Ver sombras, percibir cuerpos inexistentes, molestias físicas por detrás de la nuca, querer suicidarse y hasta sentir el olor de las flores del cementerio. ¿Las flores de cementerio tendrán un olor especial? Puede ser, pero esa no es la pregunta que quiero responderme.

Fue justamente días después cuando en el colectivo que viajaba un viernes a la tarde un señor, con cara de cansado, se sentó a mi lado y sacó de su bolsillo un pequeño libro que parecía tener la respuesta a la pregunta que yo buscaba. Esa pregunta era: ¿Realmente se puede ser feliz? La respuesta: Dios.

El día sagrado ya no es el domingo

En esa búsqueda sobre la respuesta verdadera a la felicidad me dirigí hacia la iglesia que publicitaba en la televisión. Allí me encontré con Jorge que hace doce años era borracho, drogadicto y ladrón. Hoy, atiende la puerta de entrada en una de las iglesias cristianas brasileras más reconocidas de Mar del Plata, La Iglesia Universal del Reino de Dios.

Su cara tiene algo especial al igual que su expresión desapacible al hablarme. Y su fe, indiscutible. Jorge me da la mano con fuerza y vigor, me dice bienvenida y cuenta con rapidez historias de macumbas, diablos y resurrecciones. Influencias
de la cultura afro-brasileña como el Candomblé y Umbanda que esta iglesia posee .  También me invitó a una misa especial que se realiza los viernes a las ocho de la noche.

-Porque Dios siempre está aquí, no sólo los domingos, por eso tenemos un día especial para cada problema que vos puedas tener. Los lunes, por ejemplo, es para que venga la gente que está sin trabajo- explicó Jorge.

L
a lucha contra todo el mal, los demonios, sanidades de almas, bendición en la vida económica, y especialmente la restauración de las familias, son los objetivos principales que la Iglesia Universal del Reino de Dios tiene.

La liberación en nombre de Jesús

Una semana después me encontraba otra vez en esa iglesia, llevada por un imán de curiosidad, nervios y escepticismo al punto de que toda la situación me parecía un chiste. Este salón enorme vagamente decorado y que era utilizado como cine años atrás, recibe por noche entre 120 y 200 personas. Una cruz de madera con una bandera roja por encima, un atril lustrado, una pantalla de proyector y la convicción infaltable de todos los que asisten allí. Además de una mesa con mantel blanco con revistas y folletos y una carpeta fotocopiada a color en donde pueden anotarse los 7 desafíos que el creyente quiera llevar a cabo, y en donde pueda también pegar las fotografías de sus familiares. Sobre la mesa, se encontraban a su vez vasitos con aceite de olivo bendito del huerto deGetsemaní —donde oraba Jesús—.

Pienso en que no importa dónde, ni cuándo o por qué. La salida es una y para estas 120 o 200 personas, creer es la solución ya que la fe supera cualquiera margen de error. Desde curar una simple depresión hasta borrar siete quistes cancerígenos en el seno de una mujer. Todo es posible, allí, ese viernes a la noche en Mar del Plata.
El manto rojo con una cruza blanca sobrepasa nuestras cabezas, mientras que el pastor grita un balbuceo indescifrable. Todas las caras me parecían desconocidas, aunque era yo la desconocida para ellos. Entre pasada de manto y mini descansos de 5 minutos, mujeres de falda azul, zapatos de tacón y blusa blanca, bien peinadas y maquilladas, y hombres de traje, paseaban con bolsas de terciopelo bordó para recoger ofrendas. Yo tenía algunos pesos, dudé en darlos, pero no lo hice. Otros a mí alrededor daban desde diez a treinta o cincuenta pesos. Y miraban ansiosos por el momento más esperado. El momento del exorcismo.



Otra vez esas mujeres y hombres bien arreglados recorrían los pasillos, aunque en búsqueda de los poseídos.
Yo los miraba, y ellos a mí, cerré los ojos por pedido del pastor. Para cuando me di cuenta mis manos ya estaban todas sudadas. Y, el corazón se aceleraba, de repente creía en algo imposible. Me preguntaba: ¿Tendré un espíritu maligno? ¿Seré el mismísimo diablo?

 Dudé del pedido del pastor y abrí los ojos otra vez. Me mareé entre gritos y un balbuceo constante de español y portugués.
Seguían gritando a mí alrededor, me mareaba más. Cerraba  y abría los ojos. Al abrirlos nuevamente, una de las mujeres se acercó y me tomó de la cabeza, gritó sin parar:

 – Salí, salí con las piernas para atrás, te pido que salgas- exclamó esta señora al demonio que supuestamente tenía adentro.

Y yo creí, me dejé, me sentí casi abusada por como la mujer tomaba mi cabeza y mi nuca con las dos manos.
Ella hablaba en idiomas que no entendía. Me reventaba el tímpano derecho con gritos constantes, estaba a punto de desmayarme, me di cuenta de que mis pies se movían solos. Pidió mi nombre, preguntó por mi nombre y yo dije Florencia. Me preguntó otra vez, repetí otra vez. Pero pedía el nombre del demonio, del espíritu maligno, no el mío. Intenté gritar en una especie de risa sardónica, pero no me salió.

Esta mujer de alrededor de 40 años, con cabello rubio oxigenado y manos ásperas me gritó en nombre de Iemanjá, divinidad africana que representa el mar, la fertilidad y protectora del hogar y la familia, de los barcos y los pescadores. Además vociferó otros dioses y santos que no pude descifrar. También me dijo que estoy triste, que tengo una vida desdichada, que grito y me quejo constantemente todo el día, pero que esa no soy yo en realidad. Que me libera en nombre de Jesús de Nazaret.

Me tenía agarrada, mis manos estaban dormidas, mis pies también, sólo me sostenían sus brazos. Sentí tanto que dejé de sentir. Creí tanto que dejé de creer. Y pensé en el auto-convencimiento de algo irreal. Y vi ese poder en cada una de las personas que me rodeaban. Al fin y al cabo, ellos, sólo necesitan un poco de contención, como todos.







Argentina entre los países más adictos a las cirugías estéticas

Ahora los plásticos son otros,

 en vez de reuniones de tupper hay de botox


Por Carolina Díaz, Natalia Giacobone y Victoria Zamboni

El mundo plástico surge de un universo paralelo en donde la perfección no tiene límites. La idea del hombre perfecto no nació con los cirujanos, pero hoy en día son los que tienen el control de capturar esta idea y tallarla  con su bisturí.

Una de las principales influencias, además de los medios de comunicación, es el mundo que rodea al paciente. Algunos de ellos acceden a este tipo de intervenciones por decisión propia o por salud,  pero la mayoría lo hace por el que dirán.

Argentina se ha convertido en la “república plástica”  por el bajo costo de las operaciones y  la mediatización.  Dentro de América Latina, nuestro país se ofrece como un destino médico turístico, posicionándose dentro de los 25 países en donde se realizan más cirugías estéticas practicadas junto con Brasil, México, Colombia y Venezuela, según el estudio global de Procedimientos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS).

Dentro de las cirugías más realizadas se encuentran la rinoplastia, el aumento mamario, la liposucción de distintas partes del cuerpo y la reducción de senos en los hombres, aunque en los últimos años el implante de glúteos se ha puesto de moda.


Estas intervenciones no son un simple trámite. Tienen riesgos durante y después de realizarlas. El sangrado interno es una de las principales complicaciones del post-operatorio que a veces la única manera de solucionarlo es volver al quirófano en donde se arriesgan a infecciones, malos resultados, entre otros, y como toda operación está el riesgo de la muerte. 


La palabra estética, según la Real Academia Española, es lo relativo a la percepción o apreciación de la belleza. Es la armonía y apariencia agradable a la vista, aunque no es lo que siempre dejan las intervenciones plásticas. Generan con los años monstruos en serie que ya ni los propios cirujanos quieren tocar.



“La plata no es un problema para los pacientes, ellos mismos luego se olvidan de como empezaron”, expresó Andrea Mastrolía, Cirujana General con siete años de experiencia en estética (Matrícula 94054), refiriéndose al tratamiento que se les da a los pacientes antes y después de la operación. Se les muestra fotos del antes y después durante un año de seguimiento y control médico de la clínica.






Xipo, lipo y tantas aberraciones más…


En una vereda la caja boba, las revistas y las repercusiones en todos los medios sobre las declaraciones de los famosos, y enfrente, los espectadores, personas en general, simples, que deben trabajar todos los días para llegar a fin de mes, sentados frente a la tecnología que les demuestra la supuesta belleza, mucho dinero y la vida fácil.

“Tengo que llegar divina al verano”, afirmó Victoria Xipolitakis antes de someterse a su última operación, en la cual decidió hacerse una liposucción de espalda, sí, leyó bien, una liposucción de espalda. Entonces, reflejando las palabras de quienes tienen tiempo televisivo, y bastante, cualquiera podría pensar que para llegar bien al verano debe someterse a este tipo de intervenciones estúpidas y sin sentido.


“La belleza que muestran no es real”, sostuvo Andrea Mastrolía al referirse a los personajes que aparecen en los medios de comunicación y al tipo, y las cantidades de operaciones estéticas que tienen realizadas. Además agregó que muchos pacientes llevan fotos para que les realicen intervenciones similares a los modelos que les muestran. El problema llega cuando deben comunicarles que nunca van a quedar así, y que a veces sus rostros no concuerdan con el tipo de nariz, o cualquier otra parte, que desean tener. Y, lo peor del caso, es que muchas veces no aceptan los consejos y deciden realizarse igual las operaciones.

Dentro de los personajes más llamativos en los medios de comunicación podemos encontrar al recientemente fallecido Ricardo Fort sometido a más de 27 cirugías estéticas, sin tener en cuenta las que se realizó por cuestiones de salud, entre las cuales se puso una prótesis en la pera, se retocó los pómulos, el torso y se implantó tres centímetros de talones para ser más alto.


Momento equivocado


La adolescencia se caracteriza por ser una etapa de cambios constantes, tanto físicos como emocionales.  Es el período que marca el proceso de transformación del niño en adulto. Es una fase  de transición que tiene características particulares. Constituye una etapa de descubrimiento de la propia identidad tanto psicológica como sexual  así como el desarrollo de su autonomía individual.

Suele ser la etapa de mayor conflicto con los padres mientras buscan una identidad propia dentro de la familia más allá que la del niño o la niña de antes. Buscan más cercanía de sus compañeros y una aceptación constante.  Poseen el deseo de tomar sus propias decisiones y rebelar contra las limitaciones de la disciplina de padres, tras las presiones que reciben  por las expectativas puestas en ellos por los adultos con los que conviven, y las influencias sociales que cada vez son más fuertes  y los llevan a actuar de cierta manera para pertenecer al grupo social determinado.

Una decisión para toda la vida no se puede tomar en un momento de inmadurez psicológica y emocional. El cuerpo está en pleno crecimiento. Es por eso que si los adolescentes se van a someter a una cirugía estética tienen que tener en cuenta de no ir solos a la consulta con los cirujanos plásticos. El profesional evaluará el estado del paciente y si es apto para intervenirlo quirúrgicamente. El apoyo de los padres es esencial en esa primera consulta. El adolescente tiene que sentir que está acompañado.

Al decidir realizar la operación, los menores necesitan la autorización de sus padres para seguir con el protocolo médico, de lo contrario no podrán acceder al quirófano. “En Mar del Plata aproximadamente de 25 intervenciones estéticas, 5 son realizadas a menores”, confirmó la cirujana.

Es importante que los adolescentes estén preparados psicológicamente para las consecuencias y los riesgos de una cirugía plástica. Puede ser que esa intervención no cumpla con sus expectativas, es por eso que el apoyo psicológico es esencial.

La baja autoestima, el entorno y las modas hacen que los adolescentes tomen decisiones para tratar de sentirse mejor con ellos mismos. Muchas veces el camino para la felicidad son las cirugías estéticas. Modificar partes de su cuerpo no modifica la tristeza ni la depresión, tampoco hace que una persona sea más querida o más aceptada. Una intervención quirúrgica no tiene que ser el remedio para sanar esos problemas.

“¡Hoy juega el Verde!”



Por Matías Saldívar

  


Día de fútbol en Mar del Plata. Juega Aldosivi. El equipo de la ciudad recibe  a Boca Unidos de Corrientes por la octava fecha del Nacional B. La hora del partido: 19.15, de un miércoles laboral.  Eso no impide que en el barrio (en los barrios) se junten las bandas aldosivistas. Se amontonan en las esquinas para pintar murales con los colores y dibujos del club, para preparar el cóctel –que no se mezcla sólo- para la caravana canchera, para crear canciones y, frecuentemente, para hacer bardo: pelearse con hinchas de otros equipos o con la policía, o romper  y saquear comercios. 

En Estación Camet, un pueblo ubicado al norte de General Pueyrredón en el Km. 393 de la autovía 2, los hinchas de Aldosivi se juntan en la plaza del barrio o detrás del “Paredón”. Una casilla precaria a la vera de las vías a Buenos Aires. Techo de chapa (como las del gallinero de al lado), con las maderas pintadas prolijamente “por los pibes” del Tiburón, con sus colores y el escudo del portuense. En frente, campo. Tan lejos del Puerto pero con el mismo sentimiento.

Se reúnen para esperar “el escolar”. Ese colectivo que los tiene que llevar al estadio José María Minella. Aunque antes deberá ir al barrio Los Pinares – a levantar a la banda de aquel sector de la ciudad- y al (barrio) San Martín, desde donde sale el grueso de la hinchada.

“El escolar salía muy caro”, informa “El Tatán”, un referente de la banda de Camet, y los pibes van a la cancha “en un camión de diarios”. Orgullosos, locos, delirantes, contentos – aunque el presente del equipo no les de motivos-. El camión que trae el diario Clarín desde la Capital Federal es el que ahora transportará a los hinchas de Aldosivi a la cancha.  El chofer se llama Ariel (35) y también es hincha del Verde: “Es la primera vez que llevo a los pibes en el camión del laburo”, confiesa.

Ellos y ellas, porque hay 5 damas entre 50 pibes, alucinan sobre la caja del camión. Van con los portones abiertos (“porque sino no hay aire”) y casi a oscuras. Casi como la caja de un camión celular. Sueñan con las rayas blancas pintadas sobre el asfalto. Arrancaron. Los sigue detrás un Renault Clío a pura bocina.

Ya en el barrio San Martín, al otro lado del territorio marplatense, se encuentran con “La Gringada” de aquella zona. Más camiones, autos, chatas, motos, bicis y gente a pie cantan, bailan, saltan, fuman, toman, gritan, se unen en una misma voz: la de la pasión. Las motos “hacen punta” en la caravana que sale dos horas antes del partido. Cortan el tránsito sin custodia (en ciertas ocasiones resulta mejor así) y encaran para el Mundialista. 

Los semáforos en rojo son violados como una demostración de “aguante”. “Los de las motos” se pelean con los conductores apurados que quieren cruzar porque la luz verde se los permite. “¡Hoy juega el Verde!”, es el grito que justifica su accionar.
Bombas de estruendo, bocinazos, fuegos artificiales, bombos, banderas, binchas. Gorros también. Todo sirve para decorar la ilusión.

El recorrido elegido por la muchedumbre –casi 300 personas participan de la caravana- fue: la calle Gianelli, la avenida 39, avenida Peralta Ramos, giro a la izquierda (prohibido) en Vértiz, a la derecha en Coronel Vidal para desembocar en avenida De las Olimpíadas y el acceso sur del estadio.

Una vez ahí, la policía los separa para un costado del resto de la gente que sacó la entrada en boletería y los obliga a formar una fila para entrar a la popular Sur. La fiesta sigue en la cancha.

Hasta que las hormonas nos separen

Por Carolina Díaz



Se dice que las mejores canciones se escriben cuando el artista está triste o le partieron el corazón. Las mejores películas, novelas y cuentos nacieron a partir del sufrimiento del escritor a raíz de un desamor. Según la Real Academia Española, amores un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. En la primera etapa del enamoramiento todo es color de rosa. Las mariposas invaden las panzas, los ojos brillan como nunca, el corazón late muy fuerte, las manos transpiran, pero, ¿Qué sucede cuando ese mágico momento desaparece? ¿Existe un culpable?


El amor es una mezcla de sustancias químicas que se activan sólo en ciertos momentos cuando se siente atracción por alguien. Estas “moléculas” son la dopamina, la oxitocina, la vasopresina y la feniletilamina. Conviven juntas solo en la primera etapa del enamoramiento. 

La dopamina es la sustancia que se libera en momentos de placer. La feniletilamina (FEA)es la hormona culpable de la sensación de “volar por los cielos”. Es una anfetamina natural que aparece cuando hay atracción ya que da energía al organismo. La sustancia más conocida por sus propiedades en el parto y en la lactancia es la oxitocina pero estas no son sus únicas cualidades. Se la considera como “la hormona del abrazo” ya que, tanto hombres como mujeres, la liberan cuando se abrazan. Hace que la pareja se sienta más vinculada y cercana emocionalmente,  La vasopresina es la “sustancia de la fidelidad”. Cuando hay niveles bajos de esta hormona la monogamia desaparece.

Las moléculas del amor no duran para siempre. A medida que va pasando el tiempo, el nivel de estas hormonas va decayendo al igual que los sentimientos hacía esa persona que en un principio no nos dejaban dormir, comer ni pensar en otra cosa.

La culpable de que ese momento mágico desaparezca es la feniletilamina. Los niveles altos duran entre dos y tres años y luego de esto comienza un periodo de seguridad y de comodidad que llevan a una posible separación. 

El remedio ideal para el desamor es el chocolate. Al ser rico en feniletilamina genera en el organismo similares sensaciones que ocurren cuando se está enamorado. Las películas románticas “pochocleras” muestran a las mujeres comiendo bombones, helado y barras de chocolates a kilos cuando el mal de amores llega a sus vidas. La tendencia compulsiva a comer chocolate es un intento de recuperar los niveles de FEA perdidos a causa del desamor. Es una medicina natural para sanar “el corazón roto”. 


Según estudio hecho por la Profesora e investigadora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York, “"Los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses”. Tiempo suficiente para conocerse y dejar descendencia.

Una de las investigadoras, especialistas en describir el comportamiento del AMOR, es HelenFisher , antropóloga biológica de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey Estados Unidos y autora del libro ¿Por qué amamos?. Ella realizó varios experimentos donde estudió el comportamiento del cerebro en las personas enamoradas. “El animal humano quizá fue creado para tener una serie de relaciones sucesivas, aunque no todos se separan. Hay matrimonios que duran toda una vida. El cerebro es un órgano muy flexible, y diferentes personas manejan esos sistemas cerebrales de forma distinta; unas forman un matrimonio para siempre y otras sienten gran cariño por su pareja, pero al tiempo pueden enamorarse de otro”, expresó Fisher en una entrevista para la revista española Muy Interesante.

En Argentina, los divorcios en la década de 1990 eran de 87 cada 24 horas. Entre 2001 y 2010 pasaron a hacer de 172 diarios. Los cambios culturales, las crisis económicas, la aparición de Facebook y las hormonas serían los supuestos responsables. Lo único que se sabe es que el chocolate funciona, a veces, como un sanador de las heridas del amor.

Obesidad: en busca de una salida



Por Lorena Araya, Carla Cheves y Andrea Argüello

 La obesidad severa o mórbida implica que una persona determinada tenga un peso de aproximadamente 45 kilogramos por arriba del pesaje corporal ideal. Es una enfermedad crónica, multifactorial, que se asocia con una serie de complicaciones que llevan a la prematura incapacidad y en algunos casos hasta la mortalidad.

Se han recomendado a lo largo del tiempo, dietas de bajas calorías, la medicación específica, la modificación en la conducta y hasta terapias de ejercicio. Sin embargo, cuando nada responde, el único tratamiento de eficacia comprobada a largo plazo para solucionar esta enfermedad es muchas veces, una intervención quirúrgica.

Una paciente de la clínica Ci.Lap Obesidad (Cirugía Laparoscópica), Laura Musi, comentó acerca del proceso que lleva el tratamiento: “Tuve que prepararme 15 días antes con una dieta a base de líquidos sin ingerir nada sólido hasta la mañana de la operación. Sólo podía ingerir agua, jugo, caldos de verdura y gelatina. Sin embargo, antes de que realizara esta dieta, consumía entre comidas batidos proteicos para calmar la ansiedad y cubrir el requerimiento calórico necesario porque no ingería comidas”.

En estos tiempos, luego de que se haya aprobado la Ley de Obesidad, que regula, entre otras cosas, que cada mutual debe cubrir cualquier tratamiento de forma ambulatoria de un paciente que demuestre tener obesidad, los avances tecnológicos permiten soluciones más confiables y certeras que las que existían antes. Al considerarse a la obesidad como una enfermedad hay que resaltar que al serlo, es de vital importancia tener un seguimiento riguroso de cada caso.

Es probable que intervengan muchos factores para llegar  a este padecimiento crónico, ya que si no se trata a tiempo, acompaña al paciente “toda la vida”. Lo más común en el caso de la obesidad es el consumo de excesivas calorías, con un gasto energético bajo. Además puede que esta situación resulte de una combinación de influencias genéticas, psicosociales, ambientales, sociales y culturales, que interactúan y dan un resultado que afecta tanto la regulación del apetito como el metabolismo de energía. No es solamente una falta de control simple por parte del paciente. Es mucho más que eso.

“No sabía nada de esta solución definitiva. Me sentía mal con la persona que veía en el espejo, me encerraba en mi misma y lo que me llevo a decidirme fue el rechazo y la discriminación que sufrí durante mi adolescencia. Me dije: ‘basta, debo hacer algo por mí, este es mi momento’”, confesó Laura.

Cuando los tratamientos médicos y dietéticos han fallado una y otra vez, solamente la cirugía puede introducir los elementos válidos para lograr un descenso satisfactorio y  sostenido en el tiempo que sirva para  eliminar o curar las complicaciones que la enfermedad genera.

Los procedimientos quirúrgicos más conocidos son: la banda gástrica laparoscópica ajustable, el bypass gástrico y la manga o sleeve gastrectomía.
Para describirlos básicamente hay que tener en cuenta que cada intervención tiene sus ventajas/desventajas y solo el especialista puede tener la última decisión, ya que cada persona es “un mundo”.

-Banda gástrica: consiste en colocar una banda o cinturón de 1,5 centímetros alrededor de la parte superior del estómago. Esto crea un pequeño reservorio y una salida fija hacia el estómago inferior.
 


-Bypass gástrico: en este caso se divide el estómago y se forma un pequeño depósito. Este nuevo elemento se conecta a medidas diversas de su propio intestino delgado, que se ha construido de modo que se forme una rama con forma de “y”.


-Manga o sleeve: se separa el estómago en forma vertical y se forma un tubo gástrico cuya capacidad es alrededor del 10 % del original. El 90 % restante se extrae fuera del organismo, ya que el mismo no queda conectado al aparato digestivo, como las anteriores intervenciones. Es un procedimiento que conlleva menor riesgo a complicaciones durante/post operatorias y menor tiempo quirúrgico.


Para escoger entre una u otra opción se evalúan en casa caso las preferencias del paciente y los hábitos alimentarios del mismo.

En la ciudad existe una clínica llamada Ci-lap (dedicada solo a la obesidad), que cuenta en todo momento con un equipo de profesionales (nutricionistas, psicólogos, cirujanos y médicos clínicos) que siguen paso a paso el desarrollo y evolución de cada paciente y lo acompañan en cada etapa que enfrenta.

Cualquiera de estos tratamientos requiere de una buena predisposición del individuo, una gran constancia/determinación y mucha paciencia. No hay que dejar de notar que es un padecimiento que tiene solución, y que los avances en la medicina han permitido que la persona pueda salir de esta situación. La obesidad es una enfermedad y por lo tanto hay que tratarla como tal. Si se quiere se puede.

Al salir del quirófano, la paciente manifestó que al principio le costaba reaccionar por el efecto de la anestesia. Luego de dos días, fue dada de alta y pudo volver a su casa con un control estricto de su salud y con reposo de casi 20 días. “Tanto esfuerzo valió la pena, fue un antes y un después en mi vida”, destacó.

Nadie dice que sea fácil encontrarle la salida, pero de eso se trata la vida, de tomar riesgos para tener resultados favorables. Nada llega solo porque sí, pero la decisión es únicamente de cada persona. Una vez que hay ganas de cambiar la realidad, todo se puede lograr. Existe una luz al final del camino, no todo está perdido cuando de verdad se tiene ganas de luchar. La obesidad no la padecen todos, pero realmente convivimos con ella 24 horas al día. Basta mirar al alrededor para notarlo, por eso atentos. El cambio empieza por uno mismo.