
Por Daniel MoralesHora pico y calor en la ciudad. En el recorrido que hace el colectivo 551, a medio camino, en la parada de Buenos Aires y Rivadavia, se sube una señora jóven que por su aspecto no tiene más de 35 años. Paga el boleto y se sienta en uno de los dos asientos que estaban libres, elige la ventanilla. Saca de su bolso negro, un libro. Se puede ver desde lejos en la tapa color naranja con letras multicolores...