TOC: CUANDO LA MENTE JUEGA UNA MALA PASADA


Por Mercedes Arana y Paula Denis


“Si salía a la calle tenía miedo del roce, no permitía que nadie me salude y llegué al punto de no salir del departamento durante tres meses. Veía gérmenes en todos lados, antes de abrir o cerrar una puerta escondía la mano en el puño del buzo porque estaba convencido de que veía gérmenes”, cuenta Julián ahora entre risas y alejado de esa sensación. “Cuando iban amigos o familiares a visitarme y me saludaba yo corría al baño y me lavaba las manos hasta que se me arrugaba la piel”.

La moda del término “TOC” como apócope de Trastorno Obsesivo Compulsivo, suele utilizarse para parodiar mañas, pero la realidad es que muchas personas sufren estas obsesiones a puntos inimaginables.

“Las obsesiones mas frecuentes son ideas recurrentes sobre temas como la contaminación, contraer una enfermedad, dudas repetitivas como preguntarse a uno mismo si ha realizado un acto en concreto, la necesidad de disponer las cosas según un orden determinado que se demuestra con el  intenso malestar ante objetos desordenados o asimétricos, impulsos de carácter agresivo al punto de herir a un niño o gritar obscenidades en una iglesia y fantasías sexuales como puede ser una imagen pornográfica recurrente. Estos pensamientos, impulsos o imágenes no constituyen simples preocupaciones por problemas de la vida real, raras veces se relacionan con hechos verídicos.”, narra el Manual Diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales (DSM - IV - TR; American Psychiatric Associaton, 2000).

Las compulsiones son definidas como “comportamientos”. Éstos pueden ser el lavado recurrente de manos, reiteradas comprobaciones acerca de algo, actos mentales repetitivos como rezar, contar o recitar palabras en silencio.
Otras veces son sensaciones de que algo "malo" va a pasar o de que el malestar no se acabará nunca. En cualquier caso, cuando aparecen en la mente, quien las padece trata de darles una explicación, de evitarlas o de anularlas siguiendo algún procedimiento que lo calme. Dado el potencial perturbador que las caracteriza, estas obsesiones suelen ocasionar una disminución del rendimiento personal en las actividades o  tareas cognoscitivas que requieren concentración, como son la lectura y el cálculo mental.

Agustina de 21 años comenzó terapia hace dos años y descubrió junto a su analista que diferentes comportamientos que tenía eran trastornos obsesivos compulsivos. “Antes de irme a dormir tenía que hacer una especie de “ritual” o “procedimiento”. Si no estaba segura de que las cosas estaban en su lugar, las canillas no perdían agua y la puerta estaba cerrada entraba en una situación de pánico horrible. Intenté calmarlas sola pero era algo más fuerte que yo. Me sucedía mucho cuanto estaba sola, si estaba acompañada esas inseguridades desaparecían, pero sólo pude resolverlas con la terapia y de a poco fui dejando de lado esos pasos a seguir que tanto mal me hacían”.


Aunque el trastorno obsesivo-compulsivo suele iniciarse en la adolescencia o a principios de la edad adulta, también puede aparecer en la infancia. La edad modal de inicio es menor en los varones que en las mujeres: entre los 6 y 15 años para los varones, y entre los 20 y 29 años para las mujeres. La mayor parte de las veces la aparición del trastorno es de carácter gradual. Alrededor del 15 % de los padecientes muestra un deterioro progresivo de las relaciones sociales y ocupacionales. Aproximadamente un 5 % sigue un curso de carácter episódico, con síntomas mínimos o ausentes.

¿Cómo tratarlo?

Las investigaciones clínicas y los experimentos que se llevaron a cabo han favorecido el uso de tratamientos tanto farmacológicos, como cognitivo-conductuales que pueden beneficiar a la persona con TOC.

Mediante pruebas clínicas se ha determinado que aquellos medicamentos que afectan directamente el neurotransmisor del trastorno, pueden reducir significativamente los síntomas. Habitualmente se recetan antidepresivos e inhibidores.

 Los analistas consultados creen que tanto los trastornos obsesivos compulsivos como los ataques de pánico al  ser temas que están sobre el tapete últimamente generan una especie de somatización en el común de la gente. Ellos afirman la existencia de estos comportamientos pero explican que no todos los pacientes que creen tener TOCS  finalmente los padecen. Habitualmente puede tratarse de un momento en la vida del paciente en el que debe hacer determinadas cosas para sentirse más seguro pero no necesariamente sufre de un trastorno. Los especialistas dijeron que el trastorno para existir debe ser un comportamiento constante que llegue a generar malestar, angustia y hasta depresión en quien lo padece.

FONAPA: “Buscamos verdad, justicia y memoria, pero completa”



Por Joaquín Lledó y  Luca Ventimiglia

El retiro del cuadro del capitán Giachino del Concejo Deliberante de Mar del Plata en junio del año pasado impulsó a un grupo de vecinos autoconvocados a formar un espacio de debate y participación activa. Convencidos de la injusticia que eso representa y de que un héroe de guerra nunca puede ser desprestigiado, crearon el “Foro Nacional Patriótico” (FONAPA), que se hizo notar a través de concentraciones y pintadas en distintos puntos de la ciudad. 

Sus integrantes creen en el patriotismo como base de su ideología, reivindican la guerra de Malvinas y dicen buscar la verdad sobre la última dictadura militar ya que “deben juzgarse a las dos partes porque los derechos humanos son un bien de todos, no de algunos”.

El Capitán Pedro Eduardo Giachino fue el primer argentino caído en la guerra de Malvinas. Su imagen formaba parte de la muestra permanente en homenaje a todos los marplatenses caídos en combate. En junio del año pasado el presidente del Concejo Deliberante, Marcelo Artime, decidió retirarla a partir de un pedido de organismos de Derechos Humanos por presunta participación en delitos de lesa humanidad.

La medida generó malestar en un grupo de vecinos que decidió manifestarse y reclamar la reincorporación del cuadro. “Iniciamos una convocatoria por Facebook, y el primer día nos juntamos 400 personas en la Municipalidad.  Ahí nos conocimos muchos que estábamos separados y compartíamos los mismos ideales, y así surgió el FONAPA”, explica Carlos Gustavo Pampillón, uno de los fundadores de la agrupación.

El reclamo comenzó a partir de que, según dicen, nunca se dio una explicación formal por el retiro del cuadro.

Para el FONAPA  los héroes de Malvinas están por sobre todas las cosas. Por eso,  Pampillón dice que “Giachino está ahí por haber sido un héroe” y que aunque hubiese participado en la tortura y desaparición de personas durante la última dictadura, “una cosa no cambia la otra”.

Además, explica que al bajarse el cuadro, “se burlaron leyes internacionales, cuestionando a un héroe de guerra condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate, la única entregada por unanimidad por el Congreso de la Nación”. Además, argumenta que “no se puede hacer una causa contra un muerto”.

El motivo por el que organismos de Derechos Humanos solicitaron el retiro del cuadro fue a partir de la declaración de un testigo del juicio por los delitos cometidos en la Base Naval de Mar del Plata, Gabriel Della Valle, que señaló a Giachino como el interrogador durante su cautiverio en 1976. 

Desde el Centro de ex Combatientes de Mar del Plata la medida no fue objetada. “Ellos no se opusieron al retiro del cuadro, pero con nosotros hay un grupo de ex combatientes que se han sumado a los reclamos”, explica Pampillón y agrega que desde el FONAPA reivindican la guerra de Malvinas, consideran que “fue vital” y desmienten las malas condiciones en las que se envió por ese entonces a los combatientes.


 
-  ¿Qué respuesta tiene el Foro por parte de la sociedad? 
-  Enseguida nos acusan de fachos y nunca escuchan lo que tenemos para decir. Por ejemplo, yo jamás apoyaría a un militar gobernando el país. El milico es tosco, le dicen que tiene que ir a defender la patria y va sin preguntar, no está preparado para razonar. Eso no quita que las Fuerzas Armadas tienen que ser una institución respetada y hoy no lo son.

-  ¿Qué posición adopta la agrupación ante los Juicios a los represores?
-  Yo particularmente estoy en contra de la tortura y los responsables tienen que ser juzgados como corresponde. Sin embargo, dentro del Fonapa hay diferentes opiniones con respecto a éste y otros temas. Pero ninguno de nosotros está de  acuerdo con la parcialidad con la que se llevan a cabo los juicios. Hay que juzgar a todos, de los dos lados. Militares que cometieron excesos, montoneros que asesinaron y erpianos que pusieron bombas y mataron niños. Por eso decimos que buscamos verdad, justicia y memoria, pero completa. Los derechos humanos son un bien de todos, no de algunos.

Esta “búsqueda de la verdad”, incluye también el cuestionamiento a la cifra oficial respecto a los desaparecidos durante la última dictadura. “No negamos a los desaparecidos, lo que queremos es que se diga la verdad”. Aseguran que la cifra de los 30 mil fue creada para que se los consideren como delitos de lesa humanidad.
Sin embargo, la definición de “crimen de lesa humanidad” del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, no establece una cifra especifica sino que considera como tales delitos a aquellos “actos que se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

Basándose en el informe de la CONADEP, aseguran que el número ronda los 8 mil desaparecidos. Ante este tipo de cuestionamientos el ex Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, ha asegurado en reiteradas oportunidades que "la cifra de 30 mil no es ni arbitraria ni caprichosa” y que "tomar los registros parciales de la CONADEP y los posteriores a la Secretaría de Derechos Humanos como registros totales, es tan falaz y mentiroso como reducir el número de desaparecidos a la cantidad de restos óseos localizados, que apenas superan el número de 1000".

En la ciudad a partir de la conformación del Foro Nacional Patriótico comenzaron a aparecer pintadas demostrando que su actividad no se trata de un simple reclamo sino que detrás hay fuertes creencias que están dispuestos a defender. “Zurdos a la pared”  o “Juicio y castigo a montoneros” fueron algunas de las tantas frases que se pudieron ver.

-¿Por qué cree que todo esto sucede en este momento de la historia?
- Los que perdieron aquella guerra con la dictadura son los que hoy gobiernan. Juzgan y destrozan a una institución por una venganza de hace treinta años, generando odio por todo aquel que use un uniforme. Tomaron nuestras calles y lavaron el cerebro de nuestra juventud. Son los dueños de los medios y usan nuestro dinero y esfuerzo para seguir difundiendo su mentira. Perdimos la batalla pero la guerra continúa.

“La muerte de un niño es un hachazo al corazón”



 Por  Carina Soto, Mónica Silva y Andrés Ceillan.
La guardia del Hospital Materno Infantil “Victorio Tetamanti”  de Mar del Plata atiende aproximadamente a 300 niños  menores de 15 años por día  y los médicos  pasan gran parte de su vida allí, ayudando a los  pacientes que llegan a la guardia. Desde fines de mayo a julio se atienden aproximadamente entre 500 y 600 chicos por día por enfermedades respiratorias, como gripe, bronquiolitis y otras. Otro pico importante es en verano,  se incrementa la cantidad de pacientes con el turismo. Durante enero pasan cerca de 500 menores por día.

Las enfermeras  Laura Martínez, Mara Almiros,  Sonia Martínez y Ana María Gómez describieron cómo es trabajar en la guardia y qué las llevó a ejercer esta profesión al lado de los más pequeños.

Empezaron a estudiar enfermería con el fin de tener una salida laboral, pero con el paso de los años y el ejercicio de su labor se dieron cuenta que realmente lo que querían hacer era ayudar a los niños.
“Nos reconforta que los pacientes sean agradecidos, te den un beso y se acuerden de vos cuando te cruzan por la calle o si vuelven al Hospital”,  dijo Laura Martínez con una enorme satisfacción que se le escapaba por los ojos. Todas coincidieron con que lo malo de la profesión es el sueldo.
“Trabajamos con vidas, un error nuestro no es el mismo en otro tipo de trabajo”, manifestó Sonia Martínez y señaló que no desprestigia el trabajo de otras personas, pero que ellas tienen otro tipo de responsabilidad.
Para beneficio de los profesionales que desempeñan tareas en el Hospital, tienen a su disposición  una guardería para sus hijos.  “Siempre y cuando tengan una edad comprendida entre los 3 meses y tres años”, aclaró Ana María Gómez.

El nivel Social  en la actualidad no es el mismo que hace 15 años atrás.

Las enfermeras reciben insultos por parte de los padres de los  niños que atienden  y muchas veces no saben cómo manejar ciertas situaciones de violencia.
“Ingresan al Hospital  menores  de 13 o 14 años que los encuentra la policía en la calle, a la madrugada, alcoholizados o drogados y son atendidos en la guardia, y quedan internados en el Hospital hasta que  vengan sus padres a retirarlos. Al no haber ningún adulto responsable junto a ellos no sabemos cómo contenerlos”,  explicó  Laura Martínez.
Los profesionales tratan de resolver qué procedimientos utilizar, ya que cuando  los padres de los menores van a retirar a sus hijos muchas veces agreden verbalmente a las enfermeras o las cuestionan  por haber atendido al niño sin autorización de ellos.

Pasar una navidad o año nuevo en la guardia

“En el momento del brindis la pasamos muy bien con nuestros compañeros, somos una familia. Muchas veces  traemos a nuestros hijos y nos organizamos, uno trae la sidra, otro el pan dulce. Y si la pasamos en nuestro hogar al otro día hay que entrar a trabajar a las 6 de la mañana, así que debemos  evitar excesos a la noche, no comer mucho ni tomar demasiado”, dijo una de las enfermeras.

Daniel Piscitelli, médicos con 18 años de experiencia en la profesión,  explicó que pasar las fiestas en el hospital tiene dos polos opuestos. Por un lado es feo porque no está con su familia completa, porque a veces lo acompaña su esposa  y otras sus hijos en la guardia. Pero por el otro, es lindo  ayudar a la gente. “Estás cenando en la guardia y dejás de comer porque entró un chico que le explotó un cohete en el ojo o en su manito”, describió.

-¿Año a año se  incrementa o disminuye las atenciones de quemaduras por pirotecnia?

“No disminuye, al contrario, aumenta. Hay publicidades para concientizar e incluso vamos a los colegios a dar charlas, pero llega diciembre y hasta los mismos padres  los ayudan a sus hijos a  encender los cohetes,  es terrible”, dijo Piscitelli.

Los accidentes más frecuentes que llegan a la guardia son de motos.

El especialista explicó que los padres no toman consciencia y que los sábados  son los días con el pico más alto de la semana en accidentes de tránsito, llegan a la guardia 3 o 4 chicos accidentados. Los niños viajan en el medio de los padres sin casco y muchas veces llevan hasta dos o tres menores en una moto
Piscitelli  afirmó que le ha tocado atender a un niño que quedó con una parálisis cerebral después de un accidente de motocicleta. “La mamá lo puso arriba de la camilla y el nene estaba duro, entonces me contó el problema que había sufrido por no ponerle un casco a su hijo”, señaló el profesional.

¿Cómo se les  da la noticia a los padres de que su hijo falleció?

“Es muy difícil contenerlos, es un hachazo al corazón la muerte de un hijo”, dijo Piscitelli. El médico manifestó que es muy duro dar esa noticia y que les cuesta mucho seguir trabajando en la guardia, porque cambia el ambiente cuando un niño muere allí.

Los profesionales deben desempeñar 36 horas semanales en la guardia del Hospital, además de sus otras actividades en consultorios. Gran parte del tiempo de sus vidas es entregado en la atención necesaria a los menores, sin embargo sus sueldos no son buenos. Pero ellos aman lo que hacen  y no se arrepienten de haber elegido esta carrera tan sacrificada y con  tanta responsabilidad, ya que  muchas veces tienen la inmensa satisfacción de salvarle la vida a un niño.


No va más: Los jóvenes y la adicción al juego


“De la ruleta te quiero llevar. Roja la sangre, verde el paño de la libertad, pero mi suerte es negra, mis dientes van a estallar”. Los Piojos de la canción de la canción “Ruleta” del álbum “Verde paisaje del infierno”. 
 Por Ivana Freije, Ayelén Casares y Brenda Gratas
“Comencé visitando el casino los fines de semana, iba con amigos. No era mucha la plata que gastábamos, 20 o 30 pesos no más. Después empecé a ir en la semana, para distraerme en los días complicados de trabajo. Cuando me quise dar cuenta, bastante de mi sueldo lo depositaba en el casino, mentía cuando decía que iba a ese lugar y hasta emprendí negocios paralelos para obtener mayores sumas de dinero. A esa altura mi familia sospechaba que algo estaba mal, no era el mismo de antes y por ello me mandaron a buscar ayuda profesional. Les agradezco que lo hayan hecho”, contó Agustín de 23 años uno de los muchos afectados por la ludopatía juvenil en Mar del Plata.
La Asociación Argentina de Psiquiatría clasifica a la ludopatía (o adicción al juego) como una conducta de juego inadaptada, persistente y recurrente, que alterase la continuidad de la vida personal, familiar o profesional. Es una adicción en la mayoría de los casos, por ello hablamos de enfermedad crónica. A su vez, define a esta adicción como el comportamiento que presenta cinco o más de los siguientes síntomas:
- Pasar mucho tiempo pensando en el juego, como experiencias pasadas o formas de conseguir más dinero con qué jugar;
- Apostar cantidades cada vez más grandes de dinero para sentir excitación;
- Haber tenido muchos intentos infructuosos por jugar menos o dejar de jugar;
- Sentirse inquieto o irritable al tratar de jugar menos o dejar de apostar;
- Jugar para escapar de los problemas o de sentimientos de tristeza o ansiedad;
- Apostar mayores cantidades de dinero para intentar recuperar las pérdidas previas;
- Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastados en el juego;
- Cometer delitos para conseguir dinero para apostar;
- Perder  una relación u oportunidades en sus estudios o en su carrera debido al juego;
- Necesidad de pedir dinero prestado para sobrevivir debido a las pérdidas ocasionadas por el juego.
Pero no sólo es dura la vida de la persona que se hace adicto al juego, sino también para el que se lo proporciona. Tal es la historia de Horacio un empleado del Casino de la Ciudad de Mar del Plata, que ahora ya está jubilado, y que explicó lo rara y culposa que es la sensación que tuvo durante todos los años que vivó como casinero. “Es difícil saber y aceptar que uno vive en base al juego, y se hace doloroso cuando ves que alguien adicto, es quien ayuda, en cierta forma, a llevar el pan a tu casa todos los días”, afirmó.
Por otro lado, Javier, actual empleado del Casino, resaltó lo importante de ser imparcial y no divulgar el estado de la persona que va a jugar, pero sí de proporcionarle la alternativa de pedir una autoexclusión, un mecanismo por el cual el Casino toma una fotografía de la persona y se firma un documento para que luego de eso no pueda entrar más a ningún casino de  la provincia de Buenos Aires. “Son los menos lo que toman la decisión y a su vez tampoco hay ayuda de ningún profesional. No hay un protocolo para casos en donde un jugador se larga a llorar o pide ayuda”, dijo. A su vez, destacó la cantidad de jóvenes que concurren a jugar ya que antes no era tan visto: “Se puede observar desde las 11 am que abre el establecimiento hasta las 3 am los jóvenes que van, hombres y mujeres, y su deterioro. Lo más impactante es en las mujeres porque se nota con el paso del tiempo como se dejan de arreglar y preocupar por sí mismas ya que es más el tiempo que pasan allí que en sus casas”. 
 

Libros: “Éramos Unos Niños” de Patti Smith


“Fue el verano en que murió Coltrane… Los hippies alzaron sus brazos vacíos y China hizo detonar la bomba de hidrógeno. Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey… Fue el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito, un encuentro casual cambió el curso de mi vida: fue el verano en que conocí a Robert Mapplethorpe”.

 

Por Juan Manuel Salas 

 

 

 

“Éramos Unos Niños” habla de las memorias y  la vida en común de dos artistas apasionados, dedicados, diferentes y auténticos. Robert Mapplethorpe; antes de ser el genial fotógrafo transgresor del siglo XX era un artista plástico y dibujante, un chico que estaba explorando su sexualidad y sus demonios. Patti Smith, antes de entender que el rock and roll sería su vida, estaba sumergida en la poesía, en su adoración por Arthur Rimbaud, en sus dibujos, actuaciones, la crítica musical, en modelar para Robert, usarlo de inspiración y en crear instalaciones de todo tipo junto a él.

Sus vidas los llevaron a estar en el tiempo y lugar indicado, en el centro de la tormenta underground neoyorquina al instalarse en el hotel Chelsea de lo años 70. Lugar mágico donde residían todo tipo de artistas y por donde circularon grandes personajes de la historia como Jimi Hendrix y Janis Joplin. La obsesión de Robert por Andy Warhol y ser parte de su mundo, la amistad de Patti con Allen Ginsberg y William Burroughs. El hambre, la sexualidad, las drogas y el sida, protagonistas de una época en la que parecía que todo estaba a punto de suceder en alguna esquina.

Es un libro que retrata una amistad única basada en el amor, la admiración y la confianza. El tortuoso camino de dos artistas a través de su vida, sin rendirse basados en la certeza personal que lo que estaban haciendo era lo correcto. No es sólo una oda de al fallecido Mapplethorpe, es una oda de amor al movimiento artístico que sucedió en los 70 en Nueva York y del cual ellos fueron protagonistas.

Frase: “Sabía que me había transformado, estaba conmovida por la revelación de que los seres humanos crean arte, de que ser artista era ver lo que otros no podían ver”. Patti Smith a los 12 años.
Página: 274, refleja un sentimiento de amistad sincero, con esa pequeña cuota de celos y envidia, pero con un orgullo por la otra persona y por haber sido parte de un proceso.
Recomendado para fanáticos de la música de Patti Smith, de Robert Mapplethorpe. Para los curiosos en busca de buenas historias biográficas y para los que ven en el arte un modo de vida.

¡Quiero comer ya!

La comida siempre es un problema para algunas personas. “Como demasiado, como muy poco, como mal”. “¡El nene no me come!”, decían nuestras madres. Y si bien la ansiedad es un trastorno psicológico, cuando el hambre ataca nada la detiene.


Por Agostina Tarantino y Julia Paiz

Son las 7 pm, estás en la oficina, el tiempo de ese maldito reloj no corre. Vos sólo pensás en llegar a casa y descansar. “¡Ay!, ¿dónde estará ese paquete de galletitas que abrí ayer?”, te preguntás desesperadamente. ¿Hambre? No, sólo ansiedad.

11 am, el profe habla y vos mordisqueás tu lápiz. Cuando tus dientes ya están verdes y llenos de astillas, decidís buscar a tu próxima víctima: un paquete de bizcochitos que de pronto desaparece de un solo bocado. Y aunque tu panza no rugía de molesta, vos dejás de lado la Historia Clásica Griega y te concentrás mentalmente en un bocadito.

¿Por qué tenemos ansiedad? Muchas páginas de internet auguran las dietas perfectas y las soluciones definitivas para terminar con este problema. Pero más que un desorden alimenticio, la ansiedad forma parte de un conjunto de respuestas del organismo ante un problema de tipo psicológico. Es decir, está todo en nuestra cabeza.

“Siempre es un problema psicológico”, explica la Licenciada en Nutrición Romina Luro (MP Nº810), “generalmente atrás hay un trasfondo familiar, problemas que hacen que el paciente sea más ansioso y lo lleve a comer”.

Ante una situación de alerta, el organismo activa el sistema adrenérgico, que entra en funcionamiento y libera señales de atención a todo el sistema nervioso central. Cuando se detecta una fuente de alimento para la cual se requiere actividad física, se disparan los mecanismos que liberan adrenalina, y se fuerza a todo el organismo a aportar energías.

De este punto de vista, la ansiedad se considera una señal positiva, que ayuda en la vida cotidiana, siempre que sea una reacción frente a determinadas situaciones que ayudan al organismo a resolver problemas puntuales.

La Licenciada en Nutrición Vanina Giamberardino (MP Nº 686), determina: “Hay algunos alimentos que cuanto más comés, más ganas te dan de seguir ingiriendo: harinas refinadas, azúcares, pastas, panes, pizzas, empanadas. Estas comidas causan una liberación de insulina que genera más hambre. Y a veces aunque se pueda controlar, la parte psicológica te lleva a querer comer todo el tiempo”.

El ritmo de vida acelerado conduce siempre a pensar en el futuro, en lo que va a pasar. La ansiedad está estrechamente relacionada con los acontecimientos próximos, con lo que estás calculando que va a suceder. Y la imaginación juega su rol más importante: de acuerdo a tus pensamientos y creatividad, vas a vivir por adelantado las soluciones posibles para tu problema.

El vínculo entre la comida y las emociones es evidente. De hecho, la ansiedad tiene ciertas manifestaciones físicas en el organismo que pueden explicar la mayor necesidad de comer.

Entonces, si la base del problema reside en los conflictos personales hay que analizar qué es lo que está pasando, por qué se tiene la necesidad de comer tanto.

Muchas veces, la ansiedad por la comida es producida por factores como el estrés o el exceso de preocupaciones laborales. En este caso hay que reflexionar si ese tema tiene solución y si no la tiene, ver qué cambio de actitud se puede tomar.

Estos rasgos también son aplicables a otros hábitos ansiosos como el cigarrillo, el alcohol o el juego.

Recomendaciones ¡¡ansiosas!!

La sensación de hambre producida por largas horas sin comer (desayuno escaso, almuerzo demasiado liviano), es una de las principales causas de la ansiedad.

El café, el té, el azúcar y el chocolate agravan el problema. ¡Como sucede siempre, lo más placentero es lo que más problemas trae! En su reemplazo: jugos de frutas, infusiones leves. Los líquidos en general ayudan a disminuir la sensación de hambre, ya que en la mayoría de los casos hay deshidratación.

Los alimentos deben de ser preferentemente cocinados, porque los crudos no logran saciar el hambre. La masticación de las frutas con más volumen o con cáscara genera saciedad.

Por supuesto, el ejercicio físico es indispensable en cualquier aspecto de la salud, especialmente en casos de ansiedad por la comida, ya que ayuda a descargar las tensiones y a oxigenarse.

Si bien estas pautas pueden reducir el deseo continuo de comer, siempre que haya ansiedad desmedida hay que preguntarse qué está pasando, cuál es la razón por la que surgen estos ataques.

Una búsqueda permanente pero sana del bienestar lleva a mejorar la calidad y el nivel de vida. La ayuda psicológica y médica son pilares fundamentales para estos casos. Lo más importante es sentirte satisfecho, ya que con un buen índice de autoestima se tiene mayor control sobre la comida y la propia vida.

La vida en la calle

Por Gala Barale y Valentín Belza

Todos y cada uno de nosotros ha visto alguna vez, o ve habitualmente, personas durmiendo en la calle o recolectando residuos por toda la ciudad. Sin embargo, ¿Cuántos de nosotros nos detenemos a pensar en ellos?


Lógicamente, lo más sencillo para nuestra sociedad suele ser ignorar a ese hombre, mujer o niño que se ve obligado a pasar sus días en la calle, dormir en el piso y vivir a la intemperie. Pero el problema requiere mucho más compromiso.

En Mar del Plata, según cifras proporcionadas por la Secretaría de Desarrollo Social, aproximadamente doscientas personas viven en la calle, de las cuales 8 de cada 10, son hombres adultos de entre 40 y 60 años, aunque también se ven jóvenes mayores de edad. A su vez, entre el 70 y 80% de los sin techo no son marplatenses, sino que provienen de distintos lugares como el Gran Buenos Aires, Capital Federal y localidades cercanas. La frialdad de los números se aleja del dolor y el pesar con el que Patricia (48) habla del tema. Ella trabaja en Cáritas desde hace 12 años y forma parte de los grupos que asisten a las personas que viven en la calle. Patricia no puede evitar las lágrimas en sus ojos, especialmente cuando se refiere a los niños.

- Son variadas las causas que llevan a una persona a terminar en situación de calle, pero el 70% lo hace por una ruptura de lazos, y por esas rupturas es que vemos tantos nenes y nenas que viven en la calle sufriendo el frío.

Una de las voluntarias que acompaña a Patricia es Soledad (29), una apasionada Asistente Social que participa activamente de esta problemática y que comprendió la magnitud de poder ayudar desde su conocimiento. Soledad se refiere a la situación de quienes viven en la calle desde un costado profesional.

- La psicología denomina a la situación de calle como “sucesos vitales estresantes", y se caracterizan en tres rasgos: Son encadenadas, es decir, que se conducen el uno al otro. Por ejemplo, la pérdida del trabajo puede provocar que la persona pierda los lazos familiares o, a la inversa, una fuerte ruptura le lleva a perder también el trabajo. Son traumáticas, es decir que provocan un alto sufrimiento psicológico de manera que su voluntad para rehacer su vida puede verse debilitada. Y por último, son bruscas, es decir que la persona puede haber vivido varios traumas encadenados durante su vida, pero uno de ellos lo lleva directamente a la calle.

Otros de los motivos más habituales por los cuales un hombre o una mujer termina viviendo en la calle, son las adicciones. En general el alcohol y el juego son las más comunes. Horacio (62) vive en el Hogar Nazaret –ubicado en Balcarce 5036-, a donde concurre todos los días de 18 a 8, y recibe merienda, cena y desayuno, así como elementos de limpieza, la posibilidad de darse una ducha y de dormir en una cama. Sin embargo, Horacio sufre por su adicción al juego. “Yo terminé en la calle por mi adicción al casino y al juego en general. Lamentablemente perdí todo, mi casa, mi familia, mi trabajo. Era un hombre antes y ahora soy otro totalmente distinto, en la miseria. Gracias a Dios, puedo sobrevivir acá en el hogar, pero cuando tuve que dormir en una plaza, con hambre y frío fue algo terrible. No se lo deseo a nadie”, explica.

Un elemento que ayuda a entender cómo es la vida en la calle, es el hecho de dimensionar la desprotección que sufren estas personas. Al no tener familia, ni relaciones sociales sólidas y tampoco atención por parte del Estado, la situación de desamparo es extrema. Por esta razón, quienes viven en la calle sufren todo tipo de agresiones, especialmente las físicas directas. Algunos criminales aprovechan la desprotección que sufren estas personas para robarles y agredirles.

Según Patricia, la labor de ayudarlos tampoco es sencilla porque “a veces, el miedo a revivir situaciones traumáticas pasadas, y la depresión de estar en la calle, suele provocar un rechazo a la reinserción social, y es por eso que todos los que colaboramos con los sin techo, hacemos hincapié en que recuperen los lazos rotos”.

Claramente, se trata de eso: Ayudar a la reinserción. Porque nadie desea vivir en la calle, y así lo afirma Ariel (35), otro de los sin techo que viven en el Hogar Nazaret.

- Los que pernoctamos en la calle no somos malos. No robamos, no matamos, no hacemos nada de eso. Pedimos, juntamos cartón, hacemos “changas”, pero sin joder a nadie. En general somos todos buenos, pero nunca tenemos una oportunidad de volver a armar nuestra vida. Somos ignorados todo el tiempo por amigos, familiares, desconocidos, gobernantes. Eso es lo que nos va matando de a poquito.

Por su parte, desde el área de Desarrollo Social de la comuna, se les da asilo a 30 personas en un hogar ubicado en la calle Ehegaray 252. Allí, se les provee de elementos higiénicos para que puedan ducharse, un desayuno, el almuerzo y la cena. A su vez, durante los meses más gélidos del año, la municipalidad lanzó el plan “Frió”, donde por las bajas temperaturas de la ciudad, hay que incrementar el número de ayuda para las personas sin techo.

Aunque el Estado marplatense colabora con esta problemática, las cifras indican que sólo se asisten a 30 de las 200 personas que viven en la calle, es decir, el 15% del problema. Desde el Estado intentan evitar explicar por qué todavía su trabajo no se traduce en cifras considerables, y aquellos que se atrevieron a dar una palabra, se escudan detrás de la clásica frase “Estamos trabajando para mejorar”. Mientras tanto, la gente en la calle depende exclusivamente de la colaboración de parroquias y voluntarios de Cáritas.

El panorama parece desgarrador, pero Soledad busca –seguramente por su profesión de Asistente Social- el lado positivo de los hechos. “Mar del Plata es una ciudad que no tiene un alto número de personas en la calle, y hoy por hoy los distintos programas que existen logran alcanzar a la gran mayoría de estar personas. Hace falta mucho trabajo más, pero nos estamos esforzando mucho para solucionar esto, y cada vez hay más voluntarios”.

En definitiva, uno de los principales problemas de los sin techo es la forma en que el resto de la sociedad les da la espalda, los rechaza y los discrimina, sin siquiera mirarlos a los ojos.

Foto: http://enfermeriaemergenciascatastrofes.blogspot.com