Un peligroso juego de princesas




Por Ivana Freije y Brenda Gratas

De niñas muchas mujeres fantaseaban con ser princesas, vivir en un castillo y conocer a su príncipe azul, prácticamente, un cuento de hadas. Las películas y los relatos alimentaban esa imaginación. Hoy en día, hay varias princesas llamadas Ana, y muchas otras llamadas Mía. De esta forma, se identifican aquellas jóvenes que padecen trastornos alimenticios, ya sea anorexia (Ana) o bulimia (Mía).
La anorexia  (etimológicamente negación del apetito) es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por una pérdida deliberada de peso, inducida o mantenida por el mismo enfermo.
Por su parte, la bulimia es un comportamiento en el cual el individuo consume comida en exceso en periodos de tiempo muy cortos (lo que le genera una sensación temporal de bienestar), para después buscar o eliminar el exceso de alimento a través de ayunos, vómitos, purgas o laxantes.
Las estadísticas dicen que 1 de cada 25 adolescentes sufre algún desorden alimentario y de ellas, el 10% padece bulimia y/o anorexia. Desde hace algunos años, la Argentina es el segundo país -después de Japón- con los índices más altos de casos de bulimia y anorexia en el mundo.
Quienes padecen estas patologías lo llegan a tomar como algo positivo y creen que no se deben rendir. En internet se encuentran blogs de chicas que están orgullosas de ser anoréxicas o bulímicas, o, como ellas mismas dicen, Ana o Mía. Expresan que lo hacen por las burlas, la frustración, el miedo y baja autoestima, la discriminación, humillación, el maltrato y por ser ignoradas por los demás.

Como yo digo: "Con Ana Hasta que la Muerte Nos Separe"

 “Ana y Mía es casi como una religión, hay que llevarla con honores y hasta la muerte…”
Estricta es mi dieta, no debo desear,
diré mentiras cuando me acuesto cada noche hambrienta.
Ayúdame a pasar por las confiterías,
no dejes caer mi fuerza de voluntad.
guíame a través de los caminos donde mi cuerpo no es como se ve,
aunque camine a través de las tiendas de pasteles,
no compraré nada.
Los pasteles y tortas me tientan.
Ante mí hay una mesa con verduras y lechuga,
llenaré mi estómago con líquidos.
Los cuadros de calorías y pesos me seguirán todos los días de mi vida
y descansaré en el temor de las básculas para siempre.
Amén

   No, no es alguna especie de oración de una secta. Es la “oración” que “rezan” las chicas que se consideran princesas Ana y Mía. Recalcan que formar parte de su mundo es un estilo de vida que quienes desean tomar el riesgo, deben llevarlo hasta las últimas consecuencias.
Los trastornos de la alimentación son patologías en las que interviene una compleja multiplicidad de factores. Éstos pueden incluir trastornos emocionales y de la personalidad, presiones familiares, una posible sensibilidad genética o biológica y el vivir en una cultura en la cual hay una sobreoferta de comida y una fuerte presión social para mantenerse en forma o con una buena presencia, que generalmente se refiere a valores estéticos directamente vinculados con la delgadez.

¿Quién dijo que la vida es color de rosas?
   Rosana sufrió de bulimia a los 14 años. “Todo comenzó en consecuencia a las burlas en el colegio y a la insistencia en mi casa de que era muy flaca”, recordó. Pensaba que lo ideal era “engordar para gustarle a todos”.
   Rosana prefería comer a solas, pero estaba obligada a almorzar y cenar con su familia. “En mi casa se usaban servilletas de tela, -expresó- yo masticaba la comida y usaba la servilleta para limpiarme las comisuras, en ese momento escupía el bocado. Luego, tiraba todo a la basura y lavaba la servilleta”.
   Tras no comer, se levantaba a la madrugada a escondidas y se daba atracones que le hacían sentir culpa e ir al baño a vomitar.
-¿Tu familia estaba al tanto de lo que te sucedía?-
-No, la bulimia y la anorexia no se conocían hasta que alguien de tu entorno las sufría. Cuando fui al médico descalcificada se dio a conocer mi enfermedad.-
   En su habitación se podían encontrar envoltorios y restos de comida escondidos, y en cuanto a rastros físicos, además de su delgadez, Rosana tenía los nudillos y las manos lastimadas, y desde sus labios hasta el mentón paspados.
   Cuando el doctor le hizo una orden para ir a un centro de rehabilitación y contención para trastornos alimenticios, Rosana fue obligada a ir por sus padres. “Cuando llegué a la puerta y vi las personas con cuerpos esqueléticos que ingresaban me impresioné mucho, eran muertos en vida”, confesó y aseguró que fue en ese momento en el que tomó conciencia y con la ayuda de su familia, y sobre todo de su voluntad, se pudo recuperar.




A las palabras se las lleva el viento, pero otras, quedan navegando en la web…

   Hay ciertas frases que estas chicas “predican” en sus blogs. No sólo las manifiestan sino que también llegan a agredir. Por ejemplo, subieron una foto de una chica con sobrepeso, y como epígrafe, se podía leer: “Si te cuesta controlar la ingesta de alimentos pronto te convertirás en una ‘hermosa ballena’.” Ya sea con fotos o con palabras, realizan lo que ellas mismas dicen haber sufrido: burlas, discriminación, humillación, maltrato. 

“La anorexia es una forma de vida no una enfermedad”.
“La felicidad está al alcance de dos dedos y un ayuno”.
“Ser Ana (anorexia) o Mía (bulimia) significa querer la perfección”
“Las páginas pro-ana y pro-mía, así como los grupos, no son pro-enfermedad, ni pro-muerte. Simplemente son pro-perfección”.
“Somos fuertes y lo vamos a lograr, porque Ana y Mía no son “asesinas” como las llaman, sino que son la voluntad que nos guía al triunfo, a la felicidad y al cumplimiento de nuestros sueños”.
“El fin justifica los medios, por eso lo hacemos”.
“No, gracias, a la comida; sí, por favor, a la delgadez”.
“Hambrienta por la perfección”.
“Si te duele es buena señal”.
“Sólo me siento guapa cuando tengo hambre”.

Supersiticiones: Los porqués de algunas creencias populares



Por Gimena  Lepere

Basta con sentarse en una mesa familiar un domingo al mediodía, o salir a la calle un día de lluvia para enfrentarse con infinidad de supersticiones que, si bien tienen  fundamento o explicación,  son creídas y respetadas por mucho sin conocer los  porqués de las mismas.

Hay un porcentaje importante de familias que creen en las hechicerías más comunes. Claros  son los ejemplos y testimonios de la familia Roldán, Fernández y Méndez. La pareja conformada por Juan cruz y Florencia, y los abuelos  José Antonio y Elisa, fueron tomados para intentar explicar aquellas creencias que se presentan en la vida cotidiana y que poseen el nombre de supersticiones.

De esta manera explicó Matías Roldán una de las anécdotas familiares que suelen ser comunes en su casa.

ESCENA 1. INTERIOR. COMEDOR DE LA FAMILIA ROLDÁN.DÍA
La masa está servida, la madre siempre es la última en sentarse porque viene con la fuente de tallarines hirviendo. Todos felices comienzan a comer. No falta nadie,  la madre, el padre, la nena, el adolescente, con su nueva noviecita y la abuela. En el televisor está el infaltable partido del domingo junto al fanatismo del jefe de familia.

-         Goooolllll!!!! - . Y del salto que pega el padre, se derrama la copa de vino tinto.

Ese es el momento exacto en que la madre se desespera por que no se le manche el mantel y ensucia todas las servilletas para limpiar.
La abuela, con mucho ánimo se moja los dedos en el vino derramado y exclama:
-         ALEGRÍA, Alegría!!! -. Y moja con vino en la frente a cada uno de los que están sentados en la mesa.
Si se derrama vino en la mesa, automáticamente se debe aplicar en la frente de cada uno de los comensales y decir ALEGRÍA. Según esta creencia o superstición, el vino simboliza la sangre de Cristo, y cumplir con esta costumbre es igual a atraer la felicidad eterna.
-           - ¡Le falta sal! - exclamó la madre.
Antonella, novia de Matías, por intentar caerle bien a su suegra no hace más que alcanzarle el salero, pero la madre, la mira fijo.
-              - La sal de mano en mano es mala suerte, hay que apoyarla  en la mesa-.
 De los nervios, no solo la apoya en la mesa, sino que sin querer se le cae el salero y se derrama.
La abuela, trata de tranquilizar la situación.
-             - Nena no te preocupes, agarrá un poquito de la sal que se derramó y tirátela en el hombro izquierdo.-
La adolescente obedece sin entender, pide disculpas, mientras su hermosa camisa celeste luce nevada.
El origen de la costumbre  data del año 3.500 a.C. Ya entonces se creía que la sal era incorruptible, razón por la cual se convirtió en símbolo de amistad. De ahí la creencia de que si se tira, la amistad se romperá. Para contrarrestar ese supuesto efecto maldito, se debe echar una pizca de la sal derramada sobre el hombro izquierdo. Pero a su vez, algunos mantienen que es de mal agüero derramar de forma involuntaria la sal o que se caiga un salero: el responsable de ese fatal descuido verterá tantas lágrimas como granos de sal se hayan desperdiciado. Sostienen algunos que esta creencia procede de la Última Cena, en la que Cristo derramo la sal.

ESCENA 2. EXTERIOR. PEATONAL SAN MARTÍN. DÍA.
Juan Crúz y Florencia están a un mes de casarse. Caminan por la peatonal, entran a un local de ropa donde Florencia mira los sacos de invierno. Afuera, el cielo gris. Comienza a llover.
Florencia saca su paraguas de la cartera y se lo entrega a su novio, pero éste, sin advertirlo, lo abre dentro del local de ropa.
Abrir el paraguas bajo techo se califica de mala suerte. La primera noticia que se tiene de esta creencia data del siglo XVIII en inglaterra, donde creían que daba mala suerte por la negatividad que existía entre el paraguas y la casa, ya que ésta protege a sus habitantes y no tolera ninguna protección adicional. Si alguien lo abría sobre su cabeza, supuestamente esa persona moría antes de que acabase el año.

No obstante, mientras siguen caminando por la peatonal y discutiendo acerca de dicha superstición, Florencia se detiene asombrada. Es que sin darse cuenta, pasó por debajo de una escalera.

Pasar por debajo de una escalera no sólo se califica de mala suerte sino que es señal de que no vas a casarte. Es por el triángulo que forma ésta con la pared. Antiguamente se pensaba que todos los triángulos eran un símbolo sagrado, tanto las pirámides como la trilogía de la Santísima Trinidad y, por lo tanto, era un sacrilegio pasar bajo ese arco.
Se cree que, una vez que se había pasado, el mal se conjuraba cruzando los dedos, escupiendo una vez bajo la escalera o tres veces después de cruzarla. También se relaciona esta superstición con el patíbulo: siempre había que usar una escalera de mano para colocar la soga y también para retirar el cadáver: la muerte y la escalera iban siempre muy unidas. Otra creencia proviene de los cuadros de la crucifixión, en los cuales figuraba una escalera bajo la cual Lucifer veía con furia cómo Jesús moría para salvar a la humanidad. De ahí la costumbre de santiguarse para preservarse de las furias del Diablo o ahuyentar el peligro.

ESCENA 3. INTERIOR. LIVING COMEDOR. DÍA
Elisa y José Antonio Méndez son un matrimonio de 40 años de casados. Cuentan que la rutina los acompaña con total felicidad. Todas las tardes la mesa del living luce decorada con los bizcochitos preferidos de José, el te con leche, tostadas, queso crema y mermelada de higos.
El televisor la mayor parte del día está en canales de noticias.

Voz en off – tv:
-            - Una pareja de ancianos de 78 años de edad fueron brutalmente golpeados por tres delincuentes al ingresar a la vivienda para robarles objetos de valor. (...) –

-            -Por suerte a nosotros nunca nos pasó una cosa así-
-            -Hay Antonio, tocá madera sin patas- .


Tocar madera tiene su origen en la madera de la Santa Cruz y en la veneración de que ha sido objeto las reliquias de trozos de madera de ella.  Hace 4.000 años los indios veneraban al roble como la morada de los dioses. Este material simboliza también la protección maternal y aleja el peligro.
 De esta última versión viene la exigencia de que cuando se toca madera ésta no debe tener "patas", es decir, que no valen ni mesas, ni sillas.
Se dice que cuando se menciona algo que se desea que suceda hay que tocar madera para qe efectivamente el deseo se realice y no ocurra nada que lo impida.

Muchas son las creencias que de tanto repetirse pasan a ser supersticiones pero el porqué de cada una de ellas sigue alejándose con el tiempo.
Aunque en Egipto se creía que el gato era la reencarnación de los dioses, siglos después, la Iglesia Católica lo consideró como la reencarnación del diablo, por lo que eran quemados. El negro se identificaba con el diablo por ser el color de la noche. En casi toda Europa y en Norteamérica se cree que un gato negro trae mala suerte si se aleja de ti, pero buena suerte si camina hacia ti.

Las supersticiones están presentes en muchas familias y a lo largo de los años parece que son hereditarias.
El trébol es un símbolo sagrado para los druidas de las Islas Británicas, que ya en el año 200 antes de Cristo pensaban que con él se podía ver a los demonios.
Según la leyenda, cuando Eva fue expulsada del Paraíso se llevo un trébol de cuatro hojas; por eso, desde entonces, se cree que da suerte.

Y por si todo esto fuera poco, a todos los recién casados, los que planean con hacerlo y los que no llegan con el dinero y lo invierten en la “Luna de miel”, sepan que también tiene su explicación.

El viaje post nupcial proviene de la huida que en tiempos de Atila, rey de los hunos, seguía al rapto y matrimonio de la hija, y se llama así por la costumbre de que los novios bebieran un brebaje durante el viaje que contenía vino y miel.


En colectivo: Paseo por la costa




Por Juan Manuel Salas

Mar del Plata esconde muchos misterios, contradicciones y encantos, sobre todo en la costa, su gran postal. Recorrerla no es algo imposible, solo cuesta cinco pesos y tiempo. Eso es lo que sale un boleto en el colectivo 221 que va por toda la costa, desde Santa Clara hasta Playa Serena.
El domingo 13 de mayo se presentó sin fin de semana largo, sin turistas, Dakar, o algún evento político. En contra del otoño característico, la temperatura a la tarde era de 17º y el sol invitaba a que las mujeres se animen a destaparse un poco y que la costa sea el punto de encuentro de todo marplatense.
El colectivo inicia su recorrido a las 17.20 en Santa Clara y no hay tránsito, en verdad no hay casi nada, sólo algunos perros. El mar en la zona choca contra acantilados y algunos hombres pescan como excusa para estar tranquilos, tomar una cerveza y sentir la naturaleza, aunque estén a diez minutos de una M gigante amarilla que vende las hamburguesas más artificiales del mundo.
Dobla por Independencia y  la imagen se vuelve violenta: edificios en construcción, al lado de otros edificios en construcción con carteles gigantes de ofertas, parece que la ciudad entera está en venta o en alquiler. El recorrido continúa por Luro, bordea la peatonal, el Casino y una fuente que escupe agua potable rodeada de palmeras destinadas a morir en un clima que está lejos de ser el suyo.
Avanza por Colón, otrora una avenida con chalets de techo a dos aguas y hoy encerrada por paredes de cemento que llegan hasta el cielo. El colectivo sube la loma poco a poco, con la esperanza de que el mar esté del otro lado y al llegar al lugar prometido todo es autos, motos, bocinas y estrés en una ciudad que no conocía el significado de esa palabra.
Todavía es de día, pero el sol se esconde por vergüenza ajena antes de tiempo en los edificios y deja a las playas entre sombras, una de las postales más tristes (y menos vendidas) del progreso en “La Feliz”.
Cuando el colectivo cruza Juan B. Justo la ciudad parece otra; el puerto no encaja, está oculto y sólo se muestra para los marineros, trabajadores o perdidos. El recorrido pasa por los astilleros con sus barcos: algunos naranjas por la típica pintura y otros por el óxido, el descuido y el olvido.
Se ve la reserva natural del puerto con un cartel que dice: “Este predio es propiedad del Club Atlético Aldosivi”. Parece que los edificios no son lo único que estaba en venta.
Son las 18.40, casi una hora y media después el viaje por la costa llega a su fin, la temperatura bajó considerablemente y el frío húmedo se siente en los huesos. Es de noche, la luna se asoma sobre el mar, el Faro de Punta Mogotes ilumina la tierra para los viajeros y miles de luces a los lejos, desde misteriosas ventanas, empiezan a encenderse y hacen que las contradicciones de la ciudad, entre la civilización y naturaleza, se noten más todavía, volviéndola encantadora.

 Foto: http://ar.fotolog.com/fana_debondis/

TOC: CUANDO LA MENTE JUEGA UNA MALA PASADA


Por Mercedes Arana y Paula Denis


“Si salía a la calle tenía miedo del roce, no permitía que nadie me salude y llegué al punto de no salir del departamento durante tres meses. Veía gérmenes en todos lados, antes de abrir o cerrar una puerta escondía la mano en el puño del buzo porque estaba convencido de que veía gérmenes”, cuenta Julián ahora entre risas y alejado de esa sensación. “Cuando iban amigos o familiares a visitarme y me saludaba yo corría al baño y me lavaba las manos hasta que se me arrugaba la piel”.

La moda del término “TOC” como apócope de Trastorno Obsesivo Compulsivo, suele utilizarse para parodiar mañas, pero la realidad es que muchas personas sufren estas obsesiones a puntos inimaginables.

“Las obsesiones mas frecuentes son ideas recurrentes sobre temas como la contaminación, contraer una enfermedad, dudas repetitivas como preguntarse a uno mismo si ha realizado un acto en concreto, la necesidad de disponer las cosas según un orden determinado que se demuestra con el  intenso malestar ante objetos desordenados o asimétricos, impulsos de carácter agresivo al punto de herir a un niño o gritar obscenidades en una iglesia y fantasías sexuales como puede ser una imagen pornográfica recurrente. Estos pensamientos, impulsos o imágenes no constituyen simples preocupaciones por problemas de la vida real, raras veces se relacionan con hechos verídicos.”, narra el Manual Diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales (DSM - IV - TR; American Psychiatric Associaton, 2000).

Las compulsiones son definidas como “comportamientos”. Éstos pueden ser el lavado recurrente de manos, reiteradas comprobaciones acerca de algo, actos mentales repetitivos como rezar, contar o recitar palabras en silencio.
Otras veces son sensaciones de que algo "malo" va a pasar o de que el malestar no se acabará nunca. En cualquier caso, cuando aparecen en la mente, quien las padece trata de darles una explicación, de evitarlas o de anularlas siguiendo algún procedimiento que lo calme. Dado el potencial perturbador que las caracteriza, estas obsesiones suelen ocasionar una disminución del rendimiento personal en las actividades o  tareas cognoscitivas que requieren concentración, como son la lectura y el cálculo mental.

Agustina de 21 años comenzó terapia hace dos años y descubrió junto a su analista que diferentes comportamientos que tenía eran trastornos obsesivos compulsivos. “Antes de irme a dormir tenía que hacer una especie de “ritual” o “procedimiento”. Si no estaba segura de que las cosas estaban en su lugar, las canillas no perdían agua y la puerta estaba cerrada entraba en una situación de pánico horrible. Intenté calmarlas sola pero era algo más fuerte que yo. Me sucedía mucho cuanto estaba sola, si estaba acompañada esas inseguridades desaparecían, pero sólo pude resolverlas con la terapia y de a poco fui dejando de lado esos pasos a seguir que tanto mal me hacían”.


Aunque el trastorno obsesivo-compulsivo suele iniciarse en la adolescencia o a principios de la edad adulta, también puede aparecer en la infancia. La edad modal de inicio es menor en los varones que en las mujeres: entre los 6 y 15 años para los varones, y entre los 20 y 29 años para las mujeres. La mayor parte de las veces la aparición del trastorno es de carácter gradual. Alrededor del 15 % de los padecientes muestra un deterioro progresivo de las relaciones sociales y ocupacionales. Aproximadamente un 5 % sigue un curso de carácter episódico, con síntomas mínimos o ausentes.

¿Cómo tratarlo?

Las investigaciones clínicas y los experimentos que se llevaron a cabo han favorecido el uso de tratamientos tanto farmacológicos, como cognitivo-conductuales que pueden beneficiar a la persona con TOC.

Mediante pruebas clínicas se ha determinado que aquellos medicamentos que afectan directamente el neurotransmisor del trastorno, pueden reducir significativamente los síntomas. Habitualmente se recetan antidepresivos e inhibidores.

 Los analistas consultados creen que tanto los trastornos obsesivos compulsivos como los ataques de pánico al  ser temas que están sobre el tapete últimamente generan una especie de somatización en el común de la gente. Ellos afirman la existencia de estos comportamientos pero explican que no todos los pacientes que creen tener TOCS  finalmente los padecen. Habitualmente puede tratarse de un momento en la vida del paciente en el que debe hacer determinadas cosas para sentirse más seguro pero no necesariamente sufre de un trastorno. Los especialistas dijeron que el trastorno para existir debe ser un comportamiento constante que llegue a generar malestar, angustia y hasta depresión en quien lo padece.

FONAPA: “Buscamos verdad, justicia y memoria, pero completa”



Por Joaquín Lledó y  Luca Ventimiglia

El retiro del cuadro del capitán Giachino del Concejo Deliberante de Mar del Plata en junio del año pasado impulsó a un grupo de vecinos autoconvocados a formar un espacio de debate y participación activa. Convencidos de la injusticia que eso representa y de que un héroe de guerra nunca puede ser desprestigiado, crearon el “Foro Nacional Patriótico” (FONAPA), que se hizo notar a través de concentraciones y pintadas en distintos puntos de la ciudad. 

Sus integrantes creen en el patriotismo como base de su ideología, reivindican la guerra de Malvinas y dicen buscar la verdad sobre la última dictadura militar ya que “deben juzgarse a las dos partes porque los derechos humanos son un bien de todos, no de algunos”.

El Capitán Pedro Eduardo Giachino fue el primer argentino caído en la guerra de Malvinas. Su imagen formaba parte de la muestra permanente en homenaje a todos los marplatenses caídos en combate. En junio del año pasado el presidente del Concejo Deliberante, Marcelo Artime, decidió retirarla a partir de un pedido de organismos de Derechos Humanos por presunta participación en delitos de lesa humanidad.

La medida generó malestar en un grupo de vecinos que decidió manifestarse y reclamar la reincorporación del cuadro. “Iniciamos una convocatoria por Facebook, y el primer día nos juntamos 400 personas en la Municipalidad.  Ahí nos conocimos muchos que estábamos separados y compartíamos los mismos ideales, y así surgió el FONAPA”, explica Carlos Gustavo Pampillón, uno de los fundadores de la agrupación.

El reclamo comenzó a partir de que, según dicen, nunca se dio una explicación formal por el retiro del cuadro.

Para el FONAPA  los héroes de Malvinas están por sobre todas las cosas. Por eso,  Pampillón dice que “Giachino está ahí por haber sido un héroe” y que aunque hubiese participado en la tortura y desaparición de personas durante la última dictadura, “una cosa no cambia la otra”.

Además, explica que al bajarse el cuadro, “se burlaron leyes internacionales, cuestionando a un héroe de guerra condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate, la única entregada por unanimidad por el Congreso de la Nación”. Además, argumenta que “no se puede hacer una causa contra un muerto”.

El motivo por el que organismos de Derechos Humanos solicitaron el retiro del cuadro fue a partir de la declaración de un testigo del juicio por los delitos cometidos en la Base Naval de Mar del Plata, Gabriel Della Valle, que señaló a Giachino como el interrogador durante su cautiverio en 1976. 

Desde el Centro de ex Combatientes de Mar del Plata la medida no fue objetada. “Ellos no se opusieron al retiro del cuadro, pero con nosotros hay un grupo de ex combatientes que se han sumado a los reclamos”, explica Pampillón y agrega que desde el FONAPA reivindican la guerra de Malvinas, consideran que “fue vital” y desmienten las malas condiciones en las que se envió por ese entonces a los combatientes.


 
-  ¿Qué respuesta tiene el Foro por parte de la sociedad? 
-  Enseguida nos acusan de fachos y nunca escuchan lo que tenemos para decir. Por ejemplo, yo jamás apoyaría a un militar gobernando el país. El milico es tosco, le dicen que tiene que ir a defender la patria y va sin preguntar, no está preparado para razonar. Eso no quita que las Fuerzas Armadas tienen que ser una institución respetada y hoy no lo son.

-  ¿Qué posición adopta la agrupación ante los Juicios a los represores?
-  Yo particularmente estoy en contra de la tortura y los responsables tienen que ser juzgados como corresponde. Sin embargo, dentro del Fonapa hay diferentes opiniones con respecto a éste y otros temas. Pero ninguno de nosotros está de  acuerdo con la parcialidad con la que se llevan a cabo los juicios. Hay que juzgar a todos, de los dos lados. Militares que cometieron excesos, montoneros que asesinaron y erpianos que pusieron bombas y mataron niños. Por eso decimos que buscamos verdad, justicia y memoria, pero completa. Los derechos humanos son un bien de todos, no de algunos.

Esta “búsqueda de la verdad”, incluye también el cuestionamiento a la cifra oficial respecto a los desaparecidos durante la última dictadura. “No negamos a los desaparecidos, lo que queremos es que se diga la verdad”. Aseguran que la cifra de los 30 mil fue creada para que se los consideren como delitos de lesa humanidad.
Sin embargo, la definición de “crimen de lesa humanidad” del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, no establece una cifra especifica sino que considera como tales delitos a aquellos “actos que se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

Basándose en el informe de la CONADEP, aseguran que el número ronda los 8 mil desaparecidos. Ante este tipo de cuestionamientos el ex Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, ha asegurado en reiteradas oportunidades que "la cifra de 30 mil no es ni arbitraria ni caprichosa” y que "tomar los registros parciales de la CONADEP y los posteriores a la Secretaría de Derechos Humanos como registros totales, es tan falaz y mentiroso como reducir el número de desaparecidos a la cantidad de restos óseos localizados, que apenas superan el número de 1000".

En la ciudad a partir de la conformación del Foro Nacional Patriótico comenzaron a aparecer pintadas demostrando que su actividad no se trata de un simple reclamo sino que detrás hay fuertes creencias que están dispuestos a defender. “Zurdos a la pared”  o “Juicio y castigo a montoneros” fueron algunas de las tantas frases que se pudieron ver.

-¿Por qué cree que todo esto sucede en este momento de la historia?
- Los que perdieron aquella guerra con la dictadura son los que hoy gobiernan. Juzgan y destrozan a una institución por una venganza de hace treinta años, generando odio por todo aquel que use un uniforme. Tomaron nuestras calles y lavaron el cerebro de nuestra juventud. Son los dueños de los medios y usan nuestro dinero y esfuerzo para seguir difundiendo su mentira. Perdimos la batalla pero la guerra continúa.

“La muerte de un niño es un hachazo al corazón”



 Por  Carina Soto, Mónica Silva y Andrés Ceillan.
La guardia del Hospital Materno Infantil “Victorio Tetamanti”  de Mar del Plata atiende aproximadamente a 300 niños  menores de 15 años por día  y los médicos  pasan gran parte de su vida allí, ayudando a los  pacientes que llegan a la guardia. Desde fines de mayo a julio se atienden aproximadamente entre 500 y 600 chicos por día por enfermedades respiratorias, como gripe, bronquiolitis y otras. Otro pico importante es en verano,  se incrementa la cantidad de pacientes con el turismo. Durante enero pasan cerca de 500 menores por día.

Las enfermeras  Laura Martínez, Mara Almiros,  Sonia Martínez y Ana María Gómez describieron cómo es trabajar en la guardia y qué las llevó a ejercer esta profesión al lado de los más pequeños.

Empezaron a estudiar enfermería con el fin de tener una salida laboral, pero con el paso de los años y el ejercicio de su labor se dieron cuenta que realmente lo que querían hacer era ayudar a los niños.
“Nos reconforta que los pacientes sean agradecidos, te den un beso y se acuerden de vos cuando te cruzan por la calle o si vuelven al Hospital”,  dijo Laura Martínez con una enorme satisfacción que se le escapaba por los ojos. Todas coincidieron con que lo malo de la profesión es el sueldo.
“Trabajamos con vidas, un error nuestro no es el mismo en otro tipo de trabajo”, manifestó Sonia Martínez y señaló que no desprestigia el trabajo de otras personas, pero que ellas tienen otro tipo de responsabilidad.
Para beneficio de los profesionales que desempeñan tareas en el Hospital, tienen a su disposición  una guardería para sus hijos.  “Siempre y cuando tengan una edad comprendida entre los 3 meses y tres años”, aclaró Ana María Gómez.

El nivel Social  en la actualidad no es el mismo que hace 15 años atrás.

Las enfermeras reciben insultos por parte de los padres de los  niños que atienden  y muchas veces no saben cómo manejar ciertas situaciones de violencia.
“Ingresan al Hospital  menores  de 13 o 14 años que los encuentra la policía en la calle, a la madrugada, alcoholizados o drogados y son atendidos en la guardia, y quedan internados en el Hospital hasta que  vengan sus padres a retirarlos. Al no haber ningún adulto responsable junto a ellos no sabemos cómo contenerlos”,  explicó  Laura Martínez.
Los profesionales tratan de resolver qué procedimientos utilizar, ya que cuando  los padres de los menores van a retirar a sus hijos muchas veces agreden verbalmente a las enfermeras o las cuestionan  por haber atendido al niño sin autorización de ellos.

Pasar una navidad o año nuevo en la guardia

“En el momento del brindis la pasamos muy bien con nuestros compañeros, somos una familia. Muchas veces  traemos a nuestros hijos y nos organizamos, uno trae la sidra, otro el pan dulce. Y si la pasamos en nuestro hogar al otro día hay que entrar a trabajar a las 6 de la mañana, así que debemos  evitar excesos a la noche, no comer mucho ni tomar demasiado”, dijo una de las enfermeras.

Daniel Piscitelli, médicos con 18 años de experiencia en la profesión,  explicó que pasar las fiestas en el hospital tiene dos polos opuestos. Por un lado es feo porque no está con su familia completa, porque a veces lo acompaña su esposa  y otras sus hijos en la guardia. Pero por el otro, es lindo  ayudar a la gente. “Estás cenando en la guardia y dejás de comer porque entró un chico que le explotó un cohete en el ojo o en su manito”, describió.

-¿Año a año se  incrementa o disminuye las atenciones de quemaduras por pirotecnia?

“No disminuye, al contrario, aumenta. Hay publicidades para concientizar e incluso vamos a los colegios a dar charlas, pero llega diciembre y hasta los mismos padres  los ayudan a sus hijos a  encender los cohetes,  es terrible”, dijo Piscitelli.

Los accidentes más frecuentes que llegan a la guardia son de motos.

El especialista explicó que los padres no toman consciencia y que los sábados  son los días con el pico más alto de la semana en accidentes de tránsito, llegan a la guardia 3 o 4 chicos accidentados. Los niños viajan en el medio de los padres sin casco y muchas veces llevan hasta dos o tres menores en una moto
Piscitelli  afirmó que le ha tocado atender a un niño que quedó con una parálisis cerebral después de un accidente de motocicleta. “La mamá lo puso arriba de la camilla y el nene estaba duro, entonces me contó el problema que había sufrido por no ponerle un casco a su hijo”, señaló el profesional.

¿Cómo se les  da la noticia a los padres de que su hijo falleció?

“Es muy difícil contenerlos, es un hachazo al corazón la muerte de un hijo”, dijo Piscitelli. El médico manifestó que es muy duro dar esa noticia y que les cuesta mucho seguir trabajando en la guardia, porque cambia el ambiente cuando un niño muere allí.

Los profesionales deben desempeñar 36 horas semanales en la guardia del Hospital, además de sus otras actividades en consultorios. Gran parte del tiempo de sus vidas es entregado en la atención necesaria a los menores, sin embargo sus sueldos no son buenos. Pero ellos aman lo que hacen  y no se arrepienten de haber elegido esta carrera tan sacrificada y con  tanta responsabilidad, ya que  muchas veces tienen la inmensa satisfacción de salvarle la vida a un niño.


No va más: Los jóvenes y la adicción al juego


“De la ruleta te quiero llevar. Roja la sangre, verde el paño de la libertad, pero mi suerte es negra, mis dientes van a estallar”. Los Piojos de la canción de la canción “Ruleta” del álbum “Verde paisaje del infierno”. 
 Por Ivana Freije, Ayelén Casares y Brenda Gratas
“Comencé visitando el casino los fines de semana, iba con amigos. No era mucha la plata que gastábamos, 20 o 30 pesos no más. Después empecé a ir en la semana, para distraerme en los días complicados de trabajo. Cuando me quise dar cuenta, bastante de mi sueldo lo depositaba en el casino, mentía cuando decía que iba a ese lugar y hasta emprendí negocios paralelos para obtener mayores sumas de dinero. A esa altura mi familia sospechaba que algo estaba mal, no era el mismo de antes y por ello me mandaron a buscar ayuda profesional. Les agradezco que lo hayan hecho”, contó Agustín de 23 años uno de los muchos afectados por la ludopatía juvenil en Mar del Plata.
La Asociación Argentina de Psiquiatría clasifica a la ludopatía (o adicción al juego) como una conducta de juego inadaptada, persistente y recurrente, que alterase la continuidad de la vida personal, familiar o profesional. Es una adicción en la mayoría de los casos, por ello hablamos de enfermedad crónica. A su vez, define a esta adicción como el comportamiento que presenta cinco o más de los siguientes síntomas:
- Pasar mucho tiempo pensando en el juego, como experiencias pasadas o formas de conseguir más dinero con qué jugar;
- Apostar cantidades cada vez más grandes de dinero para sentir excitación;
- Haber tenido muchos intentos infructuosos por jugar menos o dejar de jugar;
- Sentirse inquieto o irritable al tratar de jugar menos o dejar de apostar;
- Jugar para escapar de los problemas o de sentimientos de tristeza o ansiedad;
- Apostar mayores cantidades de dinero para intentar recuperar las pérdidas previas;
- Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastados en el juego;
- Cometer delitos para conseguir dinero para apostar;
- Perder  una relación u oportunidades en sus estudios o en su carrera debido al juego;
- Necesidad de pedir dinero prestado para sobrevivir debido a las pérdidas ocasionadas por el juego.
Pero no sólo es dura la vida de la persona que se hace adicto al juego, sino también para el que se lo proporciona. Tal es la historia de Horacio un empleado del Casino de la Ciudad de Mar del Plata, que ahora ya está jubilado, y que explicó lo rara y culposa que es la sensación que tuvo durante todos los años que vivó como casinero. “Es difícil saber y aceptar que uno vive en base al juego, y se hace doloroso cuando ves que alguien adicto, es quien ayuda, en cierta forma, a llevar el pan a tu casa todos los días”, afirmó.
Por otro lado, Javier, actual empleado del Casino, resaltó lo importante de ser imparcial y no divulgar el estado de la persona que va a jugar, pero sí de proporcionarle la alternativa de pedir una autoexclusión, un mecanismo por el cual el Casino toma una fotografía de la persona y se firma un documento para que luego de eso no pueda entrar más a ningún casino de  la provincia de Buenos Aires. “Son los menos lo que toman la decisión y a su vez tampoco hay ayuda de ningún profesional. No hay un protocolo para casos en donde un jugador se larga a llorar o pide ayuda”, dijo. A su vez, destacó la cantidad de jóvenes que concurren a jugar ya que antes no era tan visto: “Se puede observar desde las 11 am que abre el establecimiento hasta las 3 am los jóvenes que van, hombres y mujeres, y su deterioro. Lo más impactante es en las mujeres porque se nota con el paso del tiempo como se dejan de arreglar y preocupar por sí mismas ya que es más el tiempo que pasan allí que en sus casas”.