TOC: CUANDO LA MENTE JUEGA UNA MALA PASADA
FONAPA: “Buscamos verdad, justicia y memoria, pero completa”
“La muerte de un niño es un hachazo al corazón”
Daniel Piscitelli, médicos con 18 años de
experiencia en la profesión, explicó que
pasar las fiestas en el hospital tiene dos polos opuestos. Por un lado es feo
porque no está con su familia completa, porque a veces lo acompaña su esposa y otras sus hijos en la guardia. Pero por el otro, es lindo ayudar a la gente. “Estás cenando en la guardia y dejás de
comer porque entró un chico que le explotó un cohete en el ojo o en su manito”,
describió.No va más: Los jóvenes y la adicción al juego
Libros: “Éramos Unos Niños” de Patti Smith
Por Juan Manuel Salas
Sus vidas los llevaron a estar en el tiempo y lugar indicado, en el centro de la tormenta underground neoyorquina al instalarse en el hotel Chelsea de lo años 70. Lugar mágico donde residían todo tipo de artistas y por donde circularon grandes personajes de la historia como Jimi Hendrix y Janis Joplin. La obsesión de Robert por Andy Warhol y ser parte de su mundo, la amistad de Patti con Allen Ginsberg y William Burroughs. El hambre, la sexualidad, las drogas y el sida, protagonistas de una época en la que parecía que todo estaba a punto de suceder en alguna esquina.
Es un libro que retrata una amistad única basada en el amor, la admiración y la confianza. El tortuoso camino de dos artistas a través de su vida, sin rendirse basados en la certeza personal que lo que estaban haciendo era lo correcto. No es sólo una oda de al fallecido Mapplethorpe, es una oda de amor al movimiento artístico que sucedió en los 70 en Nueva York y del cual ellos fueron protagonistas.
Frase: “Sabía que me había transformado, estaba conmovida por la revelación de que los seres humanos crean arte, de que ser artista era ver lo que otros no podían ver”. Patti Smith a los 12 años.
Página: 274, refleja un sentimiento de amistad sincero, con esa pequeña cuota de celos y envidia, pero con un orgullo por la otra persona y por haber sido parte de un proceso.
Recomendado para fanáticos de la música de Patti Smith, de Robert Mapplethorpe. Para los curiosos en busca de buenas historias biográficas y para los que ven en el arte un modo de vida.
¡Quiero comer ya!
Por Agostina Tarantino y Julia Paiz
Son las 7 pm, estás en la oficina, el tiempo de ese maldito reloj no corre. Vos sólo pensás en llegar a casa y descansar. “¡Ay!, ¿dónde estará ese paquete de galletitas que abrí ayer?”, te preguntás desesperadamente. ¿Hambre? No, sólo ansiedad.
11 am, el profe habla y vos mordisqueás tu lápiz. Cuando tus dientes ya están verdes y llenos de astillas, decidís buscar a tu próxima víctima: un paquete de bizcochitos que de pronto desaparece de un solo bocado. Y aunque tu panza no rugía de molesta, vos dejás de lado la Historia Clásica Griega y te concentrás mentalmente en un bocadito.
¿Por qué tenemos ansiedad? Muchas páginas de internet auguran las dietas perfectas y las soluciones definitivas para terminar con este problema. Pero más que un desorden alimenticio, la ansiedad forma parte de un conjunto de respuestas del organismo ante un problema de tipo psicológico. Es decir, está todo en nuestra cabeza.
“Siempre es un problema psicológico”, explica la Licenciada en Nutrición Romina Luro (MP Nº810), “generalmente atrás hay un trasfondo familiar, problemas que hacen que el paciente sea más ansioso y lo lleve a comer”.
Ante una situación de alerta, el organismo activa el sistema adrenérgico, que entra en funcionamiento y libera señales de atención a todo el sistema nervioso central. Cuando se detecta una fuente de alimento para la cual se requiere actividad física, se disparan los mecanismos que liberan adrenalina, y se fuerza a todo el organismo a aportar energías.
De este punto de vista, la ansiedad se considera una señal positiva, que ayuda en la vida cotidiana, siempre que sea una reacción frente a determinadas situaciones que ayudan al organismo a resolver problemas puntuales.
La Licenciada en Nutrición Vanina Giamberardino (MP Nº 686), determina: “Hay algunos alimentos que cuanto más comés, más ganas te dan de seguir ingiriendo: harinas refinadas, azúcares, pastas, panes, pizzas, empanadas. Estas comidas causan una liberación de insulina que genera más hambre. Y a veces aunque se pueda controlar, la parte psicológica te lleva a querer comer todo el tiempo”.
El ritmo de vida acelerado conduce siempre a pensar en el futuro, en lo que va a pasar. La ansiedad está estrechamente relacionada con los acontecimientos próximos, con lo que estás calculando que va a suceder. Y la imaginación juega su rol más importante: de acuerdo a tus pensamientos y creatividad, vas a vivir por adelantado las soluciones posibles para tu problema.
El vínculo entre la comida y las emociones es evidente. De hecho, la ansiedad tiene ciertas manifestaciones físicas en el organismo que pueden explicar la mayor necesidad de comer.
Entonces, si la base del problema reside en los conflictos personales hay que analizar qué es lo que está pasando, por qué se tiene la necesidad de comer tanto.
Muchas veces, la ansiedad por la comida es producida por factores como el estrés o el exceso de preocupaciones laborales. En este caso hay que reflexionar si ese tema tiene solución y si no la tiene, ver qué cambio de actitud se puede tomar.
Estos rasgos también son aplicables a otros hábitos ansiosos como el cigarrillo, el alcohol o el juego.
Recomendaciones ¡¡ansiosas!!
La sensación de hambre producida por largas horas sin comer (desayuno escaso, almuerzo demasiado liviano), es una de las principales causas de la ansiedad.
El café, el té, el azúcar y el chocolate agravan el problema. ¡Como sucede siempre, lo más placentero es lo que más problemas trae! En su reemplazo: jugos de frutas, infusiones leves. Los líquidos en general ayudan a disminuir la sensación de hambre, ya que en la mayoría de los casos hay deshidratación.
Los alimentos deben de ser preferentemente cocinados, porque los crudos no logran saciar el hambre. La masticación de las frutas con más volumen o con cáscara genera saciedad.
Por supuesto, el ejercicio físico es indispensable en cualquier aspecto de la salud, especialmente en casos de ansiedad por la comida, ya que ayuda a descargar las tensiones y a oxigenarse.
Si bien estas pautas pueden reducir el deseo continuo de comer, siempre que haya ansiedad desmedida hay que preguntarse qué está pasando, cuál es la razón por la que surgen estos ataques.
Una búsqueda permanente pero sana del bienestar lleva a mejorar la calidad y el nivel de vida. La ayuda psicológica y médica son pilares fundamentales para estos casos. Lo más importante es sentirte satisfecho, ya que con un buen índice de autoestima se tiene mayor control sobre la comida y la propia vida.
La vida en la calle
Todos y cada uno de nosotros ha visto alguna vez, o ve habitualmente, personas durmiendo en la calle o recolectando residuos por toda la ciudad. Sin embargo, ¿Cuántos de nosotros nos detenemos a pensar en ellos?

Lógicamente, lo más sencillo para nuestra sociedad suele ser ignorar a ese hombre, mujer o niño que se ve obligado a pasar sus días en la calle, dormir en el piso y vivir a la intemperie. Pero el problema requiere mucho más compromiso.
En Mar del Plata, según cifras proporcionadas por la Secretaría de Desarrollo Social, aproximadamente doscientas personas viven en la calle, de las cuales 8 de cada 10, son hombres adultos de entre 40 y 60 años, aunque también se ven jóvenes mayores de edad. A su vez, entre el 70 y 80% de los sin techo no son marplatenses, sino que provienen de distintos lugares como el Gran Buenos Aires, Capital Federal y localidades cercanas. La frialdad de los números se aleja del dolor y el pesar con el que Patricia (48) habla del tema. Ella trabaja en Cáritas desde hace 12 años y forma parte de los grupos que asisten a las personas que viven en la calle. Patricia no puede evitar las lágrimas en sus ojos, especialmente cuando se refiere a los niños.
- Son variadas las causas que llevan a una persona a terminar en situación de calle, pero el 70% lo hace por una ruptura de lazos, y por esas rupturas es que vemos tantos nenes y nenas que viven en la calle sufriendo el frío.
Una de las voluntarias que acompaña a Patricia es Soledad (29), una apasionada Asistente Social que participa activamente de esta problemática y que comprendió la magnitud de poder ayudar desde su conocimiento. Soledad se refiere a la situación de quienes viven en la calle desde un costado profesional.
- La psicología denomina a la situación de calle como “sucesos vitales estresantes", y se caracterizan en tres rasgos: Son encadenadas, es decir, que se conducen el uno al otro. Por ejemplo, la pérdida del trabajo puede provocar que la persona pierda los lazos familiares o, a la inversa, una fuerte ruptura le lleva a perder también el trabajo. Son traumáticas, es decir que provocan un alto sufrimiento psicológico de manera que su voluntad para rehacer su vida puede verse debilitada. Y por último, son bruscas, es decir que la persona puede haber vivido varios traumas encadenados durante su vida, pero uno de ellos lo lleva directamente a la calle.
Otros de los motivos más habituales por los cuales un hombre o una mujer termina viviendo en la calle, son las adicciones. En general el alcohol y el juego son las más comunes. Horacio (62) vive en el Hogar Nazaret –ubicado en Balcarce 5036-, a donde concurre todos los días de 18 a 8, y recibe merienda, cena y desayuno, así como elementos de limpieza, la posibilidad de darse una ducha y de dormir en una cama. Sin embargo, Horacio sufre por su adicción al juego. “Yo terminé en la calle por mi adicción al casino y al juego en general. Lamentablemente perdí todo, mi casa, mi familia, mi trabajo. Era un hombre antes y ahora soy otro totalmente distinto, en la miseria. Gracias a Dios, puedo sobrevivir acá en el hogar, pero cuando tuve que dormir en una plaza, con hambre y frío fue algo terrible. No se lo deseo a nadie”, explica.
Un elemento que ayuda a entender cómo es la vida en la calle, es el hecho de dimensionar la desprotección que sufren estas personas. Al no tener familia, ni relaciones sociales sólidas y tampoco atención por parte del Estado, la situación de desamparo es extrema. Por esta razón, quienes viven en la calle sufren todo tipo de agresiones, especialmente las físicas directas. Algunos criminales aprovechan la desprotección que sufren estas personas para robarles y agredirles.
Según Patricia, la labor de ayudarlos tampoco es sencilla porque “a veces, el miedo a revivir situaciones traumáticas pasadas, y la depresión de estar en la calle, suele provocar un rechazo a la reinserción social, y es por eso que todos los que colaboramos con los sin techo, hacemos hincapié en que recuperen los lazos rotos”.
Claramente, se trata de eso: Ayudar a la reinserción. Porque nadie desea vivir en la calle, y así lo afirma Ariel (35), otro de los sin techo que viven en el Hogar Nazaret.
- Los que pernoctamos en la calle no somos malos. No robamos, no matamos, no hacemos nada de eso. Pedimos, juntamos cartón, hacemos “changas”, pero sin joder a nadie. En general somos todos buenos, pero nunca tenemos una oportunidad de volver a armar nuestra vida. Somos ignorados todo el tiempo por amigos, familiares, desconocidos, gobernantes. Eso es lo que nos va matando de a poquito.
Por su parte, desde el área de Desarrollo Social de la comuna, se les da asilo a 30 personas en un hogar ubicado en la calle Ehegaray 252. Allí, se les provee de elementos higiénicos para que puedan ducharse, un desayuno, el almuerzo y la cena. A su vez, durante los meses más gélidos del año, la municipalidad lanzó el plan “Frió”, donde por las bajas temperaturas de la ciudad, hay que incrementar el número de ayuda para las personas sin techo.
Aunque el Estado marplatense colabora con esta problemática, las cifras indican que sólo se asisten a 30 de las 200 personas que viven en la calle, es decir, el 15% del problema. Desde el Estado intentan evitar explicar por qué todavía su trabajo no se traduce en cifras considerables, y aquellos que se atrevieron a dar una palabra, se escudan detrás de la clásica frase “Estamos trabajando para mejorar”. Mientras tanto, la gente en la calle depende exclusivamente de la colaboración de parroquias y voluntarios de Cáritas.
El panorama parece desgarrador, pero Soledad busca –seguramente por su profesión de Asistente Social- el lado positivo de los hechos. “Mar del Plata es una ciudad que no tiene un alto número de personas en la calle, y hoy por hoy los distintos programas que existen logran alcanzar a la gran mayoría de estar personas. Hace falta mucho trabajo más, pero nos estamos esforzando mucho para solucionar esto, y cada vez hay más voluntarios”.
En definitiva, uno de los principales problemas de los sin techo es la forma en que el resto de la sociedad les da la espalda, los rechaza y los discrimina, sin siquiera mirarlos a los ojos.
Foto: http://enfermeriaemergenciascatastrofes.blogspot.com


