Psicosis universitaria: Llegaron los parciales

Por Juan Manuel Abruza, Jimena Dilota, Adrián Pilu y Lucía Sánchez Lucero

Uno de los peores momentos que atraviesa un universitario durante su vida estudiantil, es sin lugar a dudas, el tiempo de exámenes parciales.
La semana previa la confianza abunda, se suspende toda salida a la vista. Muy serio y comprometido dice a los amigos: “No puedo, tengo que estudiar”.
Ahora bien, uno piensa que porque dice que tiene que estudiar y el sábado no apoya un pie en Alem, es suficiente, pero resulta que la frase “tengo tiempo todavía” es la peor afirmación que uno debe expresar en estas circunstancias.
Por fin el estudiante se decide a desempolvar los apuntes y fibrón en mano comienza a explorar el mágico mundo de la materia en cuestión.
Aquí es cuando toma un real sentido la frase: “repaso luego de cada clase” y es cuando comienzan los miles de reproches: “¿Por qué no hice los resúmenes?”, “¿Por qué no me puse a estudiar hace una semana?”, o la clásica “¡Pero esto yo nunca lo vi!, ¿Por qué habré faltado a esa clase?”.
A medida que el reloj avanza a una velocidad fuera de lo común, la psicosis del estudiante va en aumento. Por momentos, ojea cuánto le falta subrayar de la fotocopia y maldice contra la pequeña letra del texto, para luego darse cuenta que fue peor mirar hacia atrás para ver cuanto ya había hecho, porque el apunte está en un 90% subrayado. ¡Esto significa que todo es importante y posiblemente entre en el examen!
Ahora la desesperación es mayor. Llegó la noche, el sueño es un enemigo sin piedad, la cafeína no surte efecto y cualquier pensamiento es motivo de distracción.
Hace rato que la habitación está en silencio, así que la madre preocupada hace su acto de aparición y encuentra al futuro desaprobado mirando un punto fijo en la pared. Acto seguido comienzan los gritos, producto del bajo autoestima del momento: “¡No te das cuenta que estoy estudiando, cerrá la puerta que no me puedo concentrar!”. Es bueno recordar que la familia también es una pobre víctima, que sufre en carne propia el hecho de que el universitario deba rendir un parcial.
Luego de este estallido de furia involuntario, la tentación es demasiado grande y la tibia comodidad del colchón invita a la apacible sensación de cerrar los ojos y descansar. El incrédulo se duerme pensando: “Me queda el domingo. Mañana a las 8 me levanto y estudio todo el día”.
El despertador suena puntualmente a la hora prometida y esos “cinco minutos más” entre suspiros se convierten en una siesta de tres horas. El sol del mediodía que se cuela entre las hendijas de la persiana, en vez de tranquilizar, provoca un arrebato de bronca que automáticamente busca en quien descargarla: “¡Porqué nadie me despertó! ¿Acaso nadie está enterado en esta casa que mañana tengo que rendir?”. Portazo de por medio con un pan con manteca rescatado de la mesa de la cocina en la boca, el cada vez más indignado alumno se sumerge en el mismísimo Mar Negro del estudio.
Cada tanto levanta la vista hacia el brutal reloj y las horas se le escapan como arena entre los dedos. Entonces surge la idea de que no puede ser tanto lo que hay que estudiar:”Debo estar equivocado”, piensa y su rostro se le ilumina ante la posibilidad de un rescate de último momento.
El llamado a un compañero en esta instancia es imprescindible, pero a la vez indica que el castillo de naipes está a punto de derrumbarse. Se rechaza de lleno la hipótesis del equívoco. No hay escapatoria, hay que estudiar todo.
El miedo que provoca el tener que detenerse para comer o ir al baño es inexplicable. Las ideas empiezan a mezclarse en la coctelera infernal en que se convirtió el maltratado cerebro del estudiante y el proceso de resignación empieza: “No llego”, “No me presento nada”, “¿El recuperatorio será más difícil?”,”Seguro fulanito también desaprueba, por lo menos no voy a estar solo”, son algunos de los múltiples pensamientos que se evocan. Pero tanta preocupación previa no puede ser en vano, así que luego de escasas horas de sueño inquieto y tras un último repaso que no aporta nada nuevo, con cara de lástima entra en el aula dónde el pavor se siente en el aire y se siente menos solo.
El examen al fin terminó. Sólo resta esperar con ansias el resultado final de tanto sufrimiento, pero lo trascendental del asunto es que ya está. Ni siquiera se detiene a comparar respuestas. La suerte está echada hacia el 4 salvador o el insignificante 2. Aprobar o desaprobar ya no importa. La respiración vuelve a normalizarse y el pelo que se empezó a caer hace dos días parece recobrar su fuerza vital.
Ahora sí, el estudiante siente que aprendió una lección muy importante y que para el próximo parcial todo será diferente, sabe que el tiempo se cotiza alto en el mercado y que a partir de hoy el estudio es prioridad absoluta.
Hasta que ese momento llega… y el déjà vu es inevitable, todo vuelve a repetirse.

Síntomas Pre-Parciales
  • Irritabilidad extrema.
  • Fatiga crónica, insomnio.
  • Pérdida de peso o aumento desmedido del mismo.
  • Calvicie prematura.
  • Adicción a la cafeína, el tabaco y bebidas energizantes.
  • Comerse las uñas compulsivamente.
  • Pérdida de la noción del tiempo y espacio.
  • Reclusión domiciliaria.
  • Fanatismo místico, técnicas supersticiosas.
Típicas frases Post- Parciales

“Si apruebo me voy de rodillas hasta la Catedral”.
“Sabía todo, pero se me hizo una laguna”.
“Esta noche me emborracho”.
“Seguro desapruebo porque el profesor me odia”.
“Voy a dormir una siesta de 10 horas”.
“Ya fue, todavía tengo recuperatorio”.

3 comentarios:

Lucía dijo...

Me agarro nostalgia!!!! Gracias por publicar la nota Juan!!

Andrés dijo...

Muy buena la nota. Les faltó mencionar a los que antes de los parciales les agarra diarrea.

Saludos

Anónimo dijo...

Esta nota me hizo reir bastante.