
Por Julia Drangosch y Alina Rodríguez MartínSábado a sábado en un barrio periférico de la ciudad, dos tablones verdes rodeados por bancos y algunas sillas vacías ilustran una realidad estática. Todo está acompañado por un espeso silencio y una gran tranquilidad. De repente, la puerta se abre y hace sonar un llamador de ángeles que funciona a modo de rudimentario timbre. A continuación, el ambiente se transforma, el silencio...