
Por Daniel MoralesDieciocho años, una morocha de buen cuerpo, prende la cámara de fotos, se saca la poca ropa que tiene puesta, se pone unas gafas oscuras para que no pueda ser reconocida, juega con el lente, y hace unas instantáneas que luego colgará en una o en tantas otras páginas de internet para que todos los que estén detrás del monitor, la miren y fantaseen con ella.En otra ciudad, un hombre prende su videocámara,...